
El Shikoku Bank, una pequeña institución financiera japonesa, exige a sus empleados cumplir con una práctica insólita: compensar personalmente cualquier fraude financiero y, acto seguido, quitarse la vida mediante el ritual de seppuku, término formal con el que se conoce al harakiri. Este ritual, históricamente vinculado al honor de los samuráis, simboliza una forma extrema de asumir la culpa por fallos graves.
El rito del Harakiri
Según la información publicada por el propio banco en su página web, 23 empleados han firmado un juramento en el que se comprometen a reembolsar cualquier pérdida financiera ocasionada por un fraude y, posteriormente, a realizar el seppuku. El banco defiende esta práctica, calificándola como un "tesoro institucional" que refuerza la confianza entre clientes y empleados. Además, en una publicación en X, la entidad afirma que su enfoque está inspirado en el bushido, el código ético de los guerreros japoneses, y lo contrasta con el confucionismo, una filosofía ética y social china basada en la virtud, las relaciones armoniosas y el respeto por la tradición, la cual consideran inapropiada para la gestión financiera.
The Japanese bank, Shikoku bank (stock 8387) has pledged to commit seppuku if fraud are to be found and staff have to personally reimburse it. Maybe Tokyo Stock Exchange request for improving corporate governance was a bit too strict😂https://t.co/J30c4CKUMw
— Turtleneck (@Slowlearnerr) November 24, 2024
La propuesta del Shikoku Bank ha generado reacciones de rechazo en redes sociales y medios internacionales, donde muchos han calificado la medida como una violación flagrante de los derechos humanos.
Aunque el seppuku tiene profundas raíces culturales en Japón, su relevancia en el mundo contemporáneo es limitada y mayormente simbólica. Implementarlo en un contexto empresarial moderno ha llevado a críticas que tachan la medida de "inhumana" e "incompatible" con los estándares éticos actuales.
La herencia del bushido
El ritual del seppuku se originó como una forma de preservar el honor entre los samuráis, permitiéndoles evitar la deshonra en situaciones extremas. Adoptado ocasionalmente como pena capital, era un reflejo de los valores del bushido, que enfatizaban la lealtad, el sacrificio y el autocontrol. Sin embargo, trasladar esta práctica del campo de batalla al entorno financiero plantea preguntas inquietantes sobre la aplicación de valores tradicionales en la economía global.


