
Lo que comenzó como una desgarradora historia de abandono animal se ha transformado en el fenómeno viral más conmovedor de 2026. Punch, un pequeño macaco japonés del Zoológico de Ichikawa, ha pasado de depender de un muñeco de trapo para sobrevivir al estrés, a recibir el "visto bueno" definitivo de su especie.
La vida de Punch no fue fácil desde su nacimiento el 26 de julio de 2025. Tras ser rechazado por su madre biológica a las pocas horas de nacer, el equipo de veterinarios tuvo que intervenir en una crianza artificial extrema para garantizar su supervivencia. Aunque creció sano gracias al cuidado humano, Punch desarrolló una "impronta social" distinta, careciendo de los códigos y jerarquías necesarios para convivir con otros de su especie.
El peluche de orangután: más que un juguete, un "escudo" emocional
Cuando en enero de 2026 los cuidadores intentaron reintegrarlo a la manada, el pequeño primate colapsó por el estrés. La solución fue un peluche de orangután.
Ese objeto inanimado se convirtió en su refugio, consuelo y seguridad, ya que lo utilizaba como barrera física ante la aproximación de otros monos, lo abrazaba para dormir, simulando el contacto físico materno y lo cargaba a todas partes, reduciendo sus niveles de cortisol (la hormona del estrés) y permitiéndole observar a la manada sin entrar en pánico.
Punch, el mono que se refugió con su peluche tras el abandono de su madre pic.twitter.com/mlbcoKMRQG
— Libertad Digital (@libertaddigital) February 17, 2026
El giro definitivo: la aceptación de la manada
Tras semanas de ver al pequeño macaco deambulando con su inseparable muñeco de felpa, este febrero de 2026 se ha registrado un hito etológico, pues un ejemplar adulto de la manada ha comenzado a acicalar a Punch. Este gesto indica que la manada ya no ve a Punch como un extraño con un objeto raro, sino como un miembro al que proteger.
Aunque Punch sigue mostrando apego a su peluche en momentos de tensión, los cuidadores observan que cada vez lo deja de lado con más frecuencia para participar en juegos compartidos.
El peluche cumplió su misión, fue el puente necesario entre el aislamiento y la compleja vida social de los macacos.

