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Qala I Now o el regreso a la Edad Media

Libertad Digital ha viajado a Afganistán para acompañar a las tropas españolas desplegadas en el país. Así es su día a día

| Qala I Now (Afganistán)
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Libertad Digital ha viajado a Afganistán para acompañar a las tropas españolas desplegadas en el país. Así es su día a día
LD en Afganistán

Cuatro menos cuarto de la tarde. Base Ruy González de Clavijo de Qala I Now. Un convoy de militares españoles se prepara para abandonar las instalaciones con destino al Palacio de la Gobernación, donde el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el almirante Fernando García-Sánchez, de visita en la zona, se va a entrevistar con el gobernador de Badghis y algunos de los notables de la zona.

Una columna conformada por blindados antiminas RG31 y Lince comienza a descender por la calle asfaltada que sale de la base. En el interior de los vehículos el calor es bastante considerable. El aire acondicionado interior apenas sirve para contrarrestar el ambiente que genera un sol de justicia, algo más de cuarenta grados de temperatura exterior y todo un equipo formado por el chaleco antibalas, el casco y todos los bártulos de trabajo.

Apenas se sale de la base, se atraviesa en perpendicular una calle asfaltada de algo más de dos kilómetros de longitud que sirve, después de apartar a niños jugando al fútbol o con sus bicicletas y a entes con burca que deambulan de un lugar a otro sin aparente sentido, como pista principal de aterrizaje para los aviones de transporte militar.

Pero ese conato de civilización nada tiene que ver con la cara real de la capital de Badghis, la provincia más pobre de Afganistán. Calles de arena con innumerables socavones franqueadas con casas de adobe, que no se sabe si están a medio construir o a medio derruir, imágenes de una pobreza extrema que parece trasladar al observador hasta la Edad Media y de la que ellos mismos son conscientes, porque infraestructuras casi no hay, pero las antenas parabólicas pueblan muchos de los tejados de las casas.

En los RG31, el soldado destinado en el puesto de tirador observa un monitor desde el interior del habitáculo. En el mismo recibe las imágenes de una cámara de vídeo situada frente a la metralleta que se encuentra en el techo del blindado. No retira la mirada de la pantalla en ningún momento. "Hay que tener cuidado, todo está tranquilo pero en un segundo toda la situación puede cambiar, advierten algunos de los militares españoles".

Lento, pero seguro, el convoy llega hasta el Palacio de la Gobernación, que ocupa el espacio físico del antiguo PRT español en el centro de la ciudad. "Esto está irreconocible", dice uno de los militares del blindado, que prestó servicio en ese recinto en una rotación en 2009. Los afganos no destacan precisamente por cuidar con esmero las instalaciones que heredan de las tropas internacionales.

Tras el encuentro entre García-Sánchez y el gobernador de Badghis, se realiza una visita a pie hasta el hospital de Qala I Now, una de las joyas de la cooperación española en la provincia, que ha supuesto un esfuerzo de 300 millones de dólares a los contribuyentes españoles en casi una década. Algo que también se aprecia en la aparición de las primeras calles hormigonadas en la localidad o en la rehabilitación de la mezquita local. La intención ahora es que en los próximos meses se pueda traer la electricidad desde Turkmenistán.

Con un fuerte dispositivo de seguridad, formado por casi un centenar de militares españoles, apoyados por militares y policías afganos, se recorre posteriormente a pie algunas de las calles más comerciales de la ciudad. Una inmensidad de puestecillos y tienduchas donde se comercia con cosas de poco valor y donde la suciedad y el polvo son la característica más llamativa.

Los afganos observan a los integrantes del cortejo con cara inexpresiva. Sus ojos parecen vacíos. Difícil saber si piensan que delante de ellos tienen una fuerza de ocupación opresora, un grupo de héroes que les ha liberado del terror talibán o, simplemente, unos tipos de un lugar lejano armados hasta los dientes que les están construyendo las infraestructuras básicas que no tienen.

Los burros se entremezclan con coches antiguos, algunas motos que parecen estar a punto de destartalarse, y extraños carricoches que se utilizan para el transporte de mercancías o personas. En las paredes, carteles con publicidad de conexiones wifi para las casas o de compañías telefónicas, y algunos carteles de propaganda del gobierno afgano y la cooperación internacional terminan de configurar un escenario peculiar.

Tras el paseo, toca volver a los blindados para regresar a la base. Los militares advierten de la importancia de llevar el casco puesto, no sólo por los posibles ataques talibanes, sino también por no hacerse daño en el interior de los vehículos. Si antes lo advierten, antes se comprueba. Un bache en una de las calles de arena y barro hace que todos los integrantes terminen pegando un cabezazo en el techo del blindado, que se queda en nada gracias al uso del casco.

Una vez llegados a la base llega el momento de relajarse para los miembros del Regimiento de Infantería Ligera Canarias 50, cuyo cometido principal en la zona es terminar de asesorar a los integrantes del Ejército afgano para que puedan tomar el control absoluto de la provincia y preparar la retirada de las tropas españolas de Badghis, que según lo previsto podrá terminarse en otoño y que supone todo un reto logístico.

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