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¿Qué está ocurriendo en Israel?

Una nueva oleada de ataques terroristas con tintes suicidas está sacudiendo Israel y está copando desafortunados titulares en la prensa internacional.

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¿Qué significa la oleada de ataques terroristas que está sufriendo Israel? ¿Cómo se inició lo que los medios –y algunos irresponsables políticos- califican de "espiral de violencia"? ¿Qué es lo que realmente está ocurriendo en Israel? Es difícil decirlo ante un fenómeno que está sorprendiendo a muchos y que rompe la relativa calma en la que el país judío llevaba algún tiempo.

Se puede decir que la actual ola de atentados empezó a gestarse durante el pasado mes de julio, cuando empezaron a producirse incidentes alrededor de la Mezquita de Al Aqsa, en el Monte del Templo de Jerusalén, llamado por los musulmanes Explanada de las Mezquitas.

La excusa para estos incidentes fue la supuesta intención de Israel de cambiar el peculiar statu quo de la zona: es territorio israelí –desde la Guerra de los Seis Días en 1967-, pero se supone que está administrado por Jordania y en realidad es gestionado prácticamente a su aire por las autoridades palestinas.

Israel ha negado en repetidas ocasiones estos rumores pero esto no ha frenado el ánimo de los que provocaban los incidentes, apoyados o, cuando menos, tolerados por las autoridades de la propia mezquita, tal y como demostraban las imágenes ofrecidas por la policía israelí en septiembre, en las que se veía que los alborotadores acumulaban –dentro de la mezquita- cascotes y piedras para arrojarlas sobre los turistas o los visitantes judíos que iban a acceder a la Explanada.

No contribuyó a mejorar la situación el asesinato de un bebé palestino y su padre, que fueron quemados vivos en su casa. Un atentado terrorista que fue condenado por toda la sociedad israelí, y cuyos presuntos responsables fueron detenidos sólo unos días después.

Mas disturbios… y atentados

Durante el mes de agosto se mantuvo una cierta calma que se rompió de nuevo en septiembre, cuando volvieron los disturbios con motivo del Año Nuevo Judío, Rosh Hashana, que este año se celebraba el 14 de septiembre según el calendario occidental.

Pero la explosión ha llegado en este mes de octubre, en el que se han multiplicado los atentados terroristas: el primero fue el 1 de octubre cuando una familia israelí era ametrallada en su coche. El padre y la madre resultaron muertos en presencia de sus hijos.

Otros dos hombres eran asesinados a puñaladas en Jerusalén sólo dos días después, en un ataque que respondía al formato habitual que están teniendo los atentados palestinos en los últimos años: apuñalamientos o, en ocasiones, atropellos que posteriormente se completan con apuñalamientos.

La mayor parte de los atentados se han realizado en Jerusalén o sus cercanías, aunque también ha habido en otras ciudades israelíes. Además, desde la Gaza bajo la dictadura de Hamás se han promocionado "días de la ira" en los que manifestaciones violentas se acercaban a los puestos fronterizos y lanzaban piedras y cócteles molotov. La respuesta militar israelí a estos ataques ha causado varios muertos, como también los ha habido en enfrentamientos similares en diversos puntos de Cisjordania.

¿Qué hay detrás de los atentados?

En un momento en el que la ofensiva diplomática estaba otorgando ciertos triunfos a la causa palestina y en el que la violencia parecía bastante lejos del escenario incluso en Gaza, con un ritmo bastante menor de lanzamiento de cohetes desde la franja a Israel, resulta complejo entender el propósito que puede haber tras esta ola de violencia.

Los líderes de Al Fatah –el partido que domina la Autoridad Nacional Palestina y controla Cisjordania- se han mostrado cuidadosamente ambiguos: no hay llamadas directas a la violencia pero sí un uso muy peculiar de las reacciones a los hechos. Por ejemplo, Mahmoud Abas acusaba a Israel de haber "ejecutado" a un niño de 13 años, Ahmed Mansra, pero sólo dos días después el gobierno israelí desvelaba un vídeo del chico –que había apuñalado a un adolescente judío- que no sólo no ha sido ejecutado sino que se recupera de sus heridas en el hospital con total normalidad.

Además de eso, varios de los líderes más importantes de Fatah, incluyendo al propio Abas, emitían este miércoles un comunicado en el que llamaban a "preservar la naturaleza popular" de las "protestas" como parte de "una estrategia nacional" para evitar caer en el juego israelí.

Movimiento Islámico

El comunicado también llamaba a la defensa de la mezquita de Al Aqsa que, como vemos, está aparentemente en el origen del conflicto y que también es citada por líderes radicales religiosos, como Raed Salah del Movimiento Islámico que este miércoles decía ante un tribunal que "defenderemos con el espíritu y la sangre" la mezquita en el Monte del Templo.

En conversación telefónica con Libertad Digital el analista Florentino Portero señala la importancia de este Movimiento Islámico en lo que está ocurriendo, indicando además que es la primera vez en la que son "los musulmanes israelíes" –que viven en territorio israelí y tienen la ciudadanía- los que protagonizan este tipo de incidentes.

"Es la expresión de desesperación e impotencia" de estos israelíes, "y el reconocimiento de que las estrategias de Fatah –nacionalista- y Hamás –islamista- han fracasado". Como también es la constatación de un fracaso el tipo de ataques que se están viendo: apuñalamientos y atropellos, que son "la mejor prueba de que la valla de separación y los escudos antimisiles están funcionando", explica Portero.

El Movimiento Islámico había nacido hace años con un programa político escueto alrededor de la mezquita de Al Aqsa y la recuperación de Jerusalén, pero que en los últimos años se habría ampliado a considerar la causa palestina de forma global.

Es un grupo que, según nos explica Florentino Portero, está recibiendo una financiación importante desde los países del Golfo Pérsico y, en especial, de Arabia Saudí –"no del Gobierno, que está intentando llevarse bien con Israel, sino de fuentes privadas y ONG"- y que ha ganado mucha influencia entre los más radicales del 1,5 millones de árabes israelíes.

Y, mientras tanto, la incitación al asesinato y a los crímenes ocupa un espacio más que generoso no sólo en los medios de comunicación palestinos, sino también y sobre todo en redes sociales en las que abundan, por ejemplo, los vídeos sobre cómo apuñalar a un civil o un soldado.

Pero también están teniendo una respuesta: quizá por primera vez otros árabes israelíes están criticando los hechos y la actitud de los líderes políticos y religiosos. Lo hacía el alcalde de Nazaret, una de las principales ciudades de población musulmana de Israel, que acusaba a su propia gente de estar "destruyendo nuestro futuro y la coexistencia".

También lo ha hecho, en una entrevista que se está viendo en todo el mundo- la periodista Lucy Aharish, que denuncia el "terrible y ensordecedor silencio" del liderazgo político árabe-israelí y recuerda que "los árabes israelíes, y los palestinos, pagamos un muy alto precio por la Segunda Intifada. No estamos aprendiendo de los errores".

Mientras un nuevo "viernes de la Ira" convocado por Hamás ha vuelto a generalizar los disturbios cabe preguntarse cuánto puede durar esta situación. Portero lo explica, como siempre, con claridad: "Mientras los palestinos no asuman que Israel está allí para quedarse va a haber conflictos".

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