
Larry Summers, una de las figuras más influyentes del pensamiento económico de corte izquierdista en Estados Unidos, ha anunciado su retiro de la vida pública. Lo ha hecho tras la divulgación de documentos y correos electrónicos que muestran una relación más estrecha de lo que se conocía con Jeffrey Epstein, el financiero condenado por tráfico sexual de menores que se suicidó en una cárcel de Nueva York en 2019.
La publicación de miles de páginas vinculadas al caso ha puesto de manifiesto que, durante años, Summers mantuvo un contacto habitual con Epstein, incluso después de la primera condena de este, en 2008. De hecho, revelan que llegó a aparecer como posible responsable de administrar su patrimonio en versiones preliminares del testamento del financiero. Aunque Summers no está acusado de ningún delito, la dimensión ética del vínculo que mantenía con el criminal ha generado un terremoto reputacional.
Summers, de 70 años, era uno de los grandes referentes económicos del ala moderada del Partido Demócrata. Fue secretario del Tesoro con Bill Clinton, presidente de la Universidad de Harvard y director del Consejo Económico Nacional durante el mandato de Barack Obama. Durante su etapa en el Departamento del Tesoro, Summers jugó un papel central en aprovechar los superávits presupuestarios para recomprar deuda y equilibrar el presupuesto. Ya en el Consejo Económico Nacional, fue un firme partidario de los "rescates" financieros e industriales que impulsó la Administración Obama en un contexto de profunda crisis.
La filtración de correos y archivos judiciales ha sido devastadora para su figura pública. La reacción institucional ha sido inmediata. Summers abandonó la junta directiva de OpenAI, renunció a su puesto en el Consejo Asesor Internacional de Banco Santander y anunció una retirada de "la mayoría" de sus responsabilidades públicas con el propósito declarado de "reconstruir la confianza".
La Universidad de Harvard, por su parte, ha abierto una investigación interna sobre la naturaleza de su relación con Epstein, y Summers se ha apartado de sus funciones docentes y de liderazgo en la universidad. A ello se suma la decisión de la American Economic Association de prohibirle de por vida participar en sus conferencias, publicaciones y actividades, un veto sin precedentes para una figura de su trayectoria.
El caso ha provocado un intenso debate en el mundo académico y político estadounidense, ya muy sensibilizado tras años de revelaciones sobre las conexiones de Epstein con élites intelectuales, financieras y científicas. Hay quienes creen que se trata de una caída en desgracia que no implica responsabilidad penal, pero sí un grave error de juicio, pero también quienes consideran que su responsabilidad en los diversos escándalos referidos al criminal va mucho más allá de la mera asociación por vínculo de amistad.
Lo que resulta indiscutible es que el legado de Summers queda profundamente marcado. El economista que durante décadas se sentó en el centro del poder político de los demócratas abandona ahora la escena pública por la puerta de atrás, repudiado y envuelto en la mayor controversia ética de toda su carrera. Es, sin duda, un final abrupto para una figura que antaño fue sinónimo de prestigio y poderío en las filas de una izquierda estadounidense que ahora reniega de Summers.


