
Donald Trump ha agitado el tablero geopolítico internacional, terminando con mucho de aquello que dábamos por hecho, como la seguridad que nos proporcionaba la OTAN a los europeos, o la estabilidad en el comercio internacional con una guerra arancelaria total en el mundo. Tanto es así que Europa ha tenido que espabilarse y ha buscado refugio comercial en algunos de los mercados que podrían aliviar los problemas que los aranceles americanos han provocado entre nuestras empresas.
Así la UE ha anunciado un acuerdo de libre comercio con Mercosur y también recientemente otro con la India. Acuerdos que todavía se están puliendo en Europa y donde son importantes los matices respecto a la fórmula de competencia que se establecerá sobre diferentes productos.
Sin embargo, no llueve a gusto de todos. Mientras los agricultores preparan protestas por estos acuerdos que atentan, dicen ellos, contra sus productos, algunos políticos también lo hacen. Desde la derecha, Vox se ha manifestado abiertamente en contra, votando con partidos como ERC, Podemos o Bildu y Sumar en contra de los acuerdos de libre comercio.
Lo que en realidad suponen estos acuerdos es el establecimiento de puentes comerciales más ventajosos para que sean los productos y su forma de producción los que decidan sus clientes y no lo hagan las normas proteccionistas que imponen los distintos países.

