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El poderoso es Pedro Sánchez, no Elon Musk

La guinda la puso desde Dubái, donde aseguró: "Las redes sociales son más ricas y más poderosas que muchos países, incluyendo el mío".

La guinda la puso desde Dubái, donde aseguró: "Las redes sociales son más ricas y más poderosas que muchos países, incluyendo el mío".
Montaje de Pedro Sánchez y Elon Musk. | Libertad Digital

Odio el victimismo madridista-barcelonista. Antes no era así. Antes, presumían de su potencia e influencia. Ahora no. En los últimos años se ha generalizado una pose, entre los periodistas y seguidores de uno y otro bando, de "estamos solos frente al mundo". Esa actitud de "superaremos lo que se nos ponga por delante". Ese tono quejumbroso de "pese a todo, aquí seguimos". A ver, centrémonos: millones de aficionados; ministros o presidentes autonómicos cada semana peleando por un sitio el palco; autoridades deportivas con sus fotos de niño con tu camiseta; ¿obras en el estadio?, casi lo que quieras; medios de comunicación a tu servicio, como una extensión del club; árbitros que saben que un error en tu contra será mucho más magnificado que uno a favor… Que yo no digo que tengan que pedir perdón por ser los dos clubes más importantes del país; con que no lloriqueen tanto, los demás nos conformamos.

Algo así he pensado esta semana con la polémica entre Pedro Sánchez y Elon Musk. Comenzó con la inmigración y fue derivando hacia el control de las redes sociales. Luego se sumó el dueño de Telegram, avisando de los peligros de las medidas del Gobierno para limitar el acceso a los menores de 16 años. Y para qué queríamos más. Ministros, periodistas, opinadores varios… todos salieron de forma inmediata a proteger al desvalido Sánchez, enfrentando a los tecnomultimillonarios, ese grupo de súper-ricos que actúan impunemente y someten a los políticos.

La guinda la puso el propio Sánchez, desde Dubái (curioso sitio para reivindicar el poder de la democracia) asegurando que:

Las redes sociales, sus empresas, son más ricas y más poderosas que muchos países, incluyendo el mío. Pero su poder e influencia no nos deben dar miedo porque nuestra determinación es mayor.

Como con lo del fútbol. Por ahí no. No importa cuál sea la métrica que cojamos, económica, política, militar… En todas ellas, Pedro es más poderoso que Elon por varios órdenes de magnitud. ¿Que el dueño de Tesla o Twitter puede fastidiarle más de lo que yo lo haría? Sí, claro. Pero, en el enfrentamiento cara a cara, Musk es David; y Goliat, el que tiene todas las cartas en su mano, es el otro. Porque tiene el Estado.

De hecho, pocas mentiras más grandes que esa comparación entre la riqueza de las grandes empresas tecnológicas y un país como España. Por ejemplo, la capitalización bursátil de Tesla es de algo más de 1,24 billones de dólares, de los que Musk posee entre el 13 y el 15% (sé que también tiene algunos otros negocios). Esto quiere decir que lo que capitaliza Tesla es algo así como un 55% del PIB de España. Por supuesto, esto no implica que Tesla se pueda "comprar" la mitad de nuestro país. Esa capitalización es una variable stock (lo que vale toda la empresa), el PIB es lo que se produce en España solo en un año. Y de ese PIB, la mitad lo gestionan las administraciones públicas (en las que Sánchez es el que tiene el control final de casi todo). ¿Cuánto valdrían los activos que ahora están en manos de Sánchez si se pusieran a la venta? No tiene sentido hacer las cuentas, pero todos intuimos que muchas veces más que cualquier suma de la capitalización de muchas grandes compañías que podamos acumular.

En este punto, alguien podría decir que Sánchez no puede hacer lo que quiera con el presupuesto público. Porque no podría dejar de pagar las pensiones o el sueldo de los policías. Cierto. Pero tampoco Elon puede. Que pruebe a dejar de pagar a sus programadores o a los proveedores de materiales para usar ese dinero contra un Gobierno molesto. A ver lo que le ocurre. De hecho, no hay imaginar demasiado para intuir cómo se desplomaría la acción si se le ocurriera intentar usar el dinero de la empresa para sus batallas personales; algo que, de nuevo, Sánchez podría hacer sin sufrir un rasguño. El Presupuesto de RTVE este año es de 1.200 millones de euros: a ver qué empresa se gasta ese dinero en el engrandecimiento personal de su CEO (que es a lo que se dedica, mañana, tarde y noche, Tele-Sánchez).

Por supuesto, no es solo cuestión de dinero, sino de fuerza. Sánchez dispone (y usa) de Policía, Ejército, funcionarios… en un número muy superior a cualquier grupo que pueda contratar Elon (que, por cierto, no contrata a nadie). En el territorio que controla Sánchez, se hace lo que él dice. Y punto. Para eso es el Estado (y sí, recuerden que el Estado no existe, son las personas que lo dominan en cada momento; y en este momento, esa persona es Sánchez).

Si acaso, quedaría el argumento de que Sánchez no puede hacer todo lo que desee. O que hay otros contrapoderes en el Estado que le controlan. También es cierto. Pero que Sánchez no sea omnipotente (tampoco ningún CEO en su empresa) no reduce su capacidad de dirigir nuestras vidas en numerosos ámbitos; muchísimos más que Musk lo midamos como lo midamos.

Siempre me ha asombrado el poder que se otorga a las grandes empresas. "Pueden hacer con nosotros lo que quieran", nos dicen. ¿Lo que quieran? Pues están todo el día intentando atraernos, convencernos y ofreciéndonos sus productos a menor precio que el día anterior solo para no quedárselos en el almacén. Nunca vi a Amancio Ortega obligando a nadie a punta de pistola a entrar en un Zara. Es un "lo que quieran" bastante curioso. Enfrente, se minimiza el poder de un tipo que, este sí a punta de pistola, te cobra el 50-60% de lo que ganas y regula todo tipo de aspectos de tu vida (de las horas que puedes trabajar, al coche con el que puedes circular o el contenido de las lecciones que recibirán tus hijos en el colegio).

Porque, además, esto no es privativo del presidente del Gobierno, sea este Sánchez o Trump. El concejal más tonto de Boadilla del Monte puede decidir mañana que le cierra la sede a Ana Patricia Botín porque uno de los olivos que tiene plantados en la Ciudad del Santander no cumple la normativa de especies protegidas.

En realidad, cuando un ciudadano de a pie se compara con esos grandes empresarios y piensa en "los poderosos", no lo hace como empresarios, sino como lobistas-corruptores. Es decir, que si son poderosos no es por ellos mismos, ni por su empresa ni por su fortuna, sino por su capacidad para acercarse y captar al verdadero poder, el de la política.

Que no nos vendan motos. Claro que Pedro Sánchez cabalga, en una montura que le pagamos todos nosotros, como se la pagaríamos a Feijóo, Abascal o Díaz. Por eso, como cuando te toca visitar el Bernabéu o el Camp Nou: lo peor no es que te ganen o que piten un penalty que sabes que nunca pitarían en el área contraria, lo peor es que encima quieran darte pena y que les seques las lágrimas.

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