
Pese al alarmismo climático y a la insistencia de muchos sectores en políticas climáticas intervencionistas rígidas y costosas, los datos empíricos más recientes muestran una tendencia que desafía la narrativa dominante: crecer económicamente ya no significa necesariamente aumentar las emisiones de dióxido de carbono, lo que desmonta por completo las tesis del "decrecimiento" que ha venido defendiendo la izquierda y que incluso la derecha política ha asumido parcialmente al diseñar ciertas políticas climáticas.
El informe que pone de manifiesto este avance es un documento de la Energy & Climate Intelligence Unit (ECIU). Publicado con motivo del décimo aniversario del Acuerdo de París, esta investigación revela que el desacoplamiento entre crecimiento económico y emisiones es una realidad que, de hecho, se ha extendido a la gran mayoría del planeta.
Así, entre 2015 y 2023, economías responsables del 92% del producto interno bruto (PIB) mundial han logrado desacoplar sus emisiones de CO₂ del crecimiento, ya sea de forma absoluta (reduciendo emisiones mientras crecen) o relativa (aumentando emisiones pero a un ritmo menor que la economía). Teniendo en cuenta que el informe ha analizado a 113 países que representan más del 97% del PIB mundial y el 93% de las emisiones globales, las conclusiones resultan de lo más esclarecedoras.
De hecho, entre los años 2015 y 2023, el grupo de países que suma más del 46% del PIB global alcanzó el denominado desacoplamiento en términos absolutos - es decir, sus economías crecieron mientras se reducían sus emisiones de CO2, en términos netos. Antes de 2015, el porcentaje del PIB mundial generado por economías que han logrado este hito se situaba en el entorno del 38% del PIB.
El número de países que han conseguido un desacople absoluto ha aumentado también, puesto que este segmento ha crecido de 32 naciones en el periodo 2006-2015 a 43 en la etapa que va de 2015 a 2023. De igual modo, aquellas economías que han alcanzado el desacople en términos relativos fueron también a más, pasando de 35 a 40 países en los mismos periodos.
El desacople absoluto, escenario más favorable desde el punto de vista climático y económico, resulta de hecho un fenómeno cada vez más común entre las economías avanzadas, incluyendo aquí a la mayoría de los países de la Unión Europea y a Estados Unidos. Además, el fenómeno también se observa en muchas economías de América Latina, amén de otras regiones.
Este fenómeno pone en cuestión una premisa que durante décadas ha guiado gran parte del debate climático: la idea de que solo un freno al crecimiento mediante políticas estrictas puede reducir emisiones. En realidad, la evidencia sugiere que la innovación tecnológica, la mejora de la eficiencia y el despliegue de energías limpias están permitiendo que las economías crezcan con menor intensidad de carbono. De hecho, 46 de cada 100 euros de la producción económica global se generan en un contexto de desacople absoluto (más crecimiento y menos emisiones), mientras que otros 38 euros se dan en países donde hay un desacople relativo (más crecimiento y un aumento cada vez menos significativo de las emisiones), de tal manera que solamente el 16% del PIB mundial se está generando allí donde no hay desacoplamiento y el crecimiento va de la mano de un dato de emisiones creciente.
El "decrecimiento", desmontado
Así, pese a las advertencias más alarmistas sobre la imposibilidad de crecer sin emitir más carbono, los hechos muestran que la mayoría de las economías del mundo ya están desacoplando el crecimiento de las emisiones, lo que abre espacio para enfoques de política climática más centrados en la innovación y la eficiencia energética.
Precisamente por este motivo, es fundamental tomar en cuenta los costes de las políticas "verdes" que pretenden avanzar hacia escenarios climáticos más ambiciosos, puesto que la factura que deberán asumir empresas y familias se antoja demasiado costosa. En 2021, Libre Mercado estimó que el escenario de política medioambiental planteado para 2050 por parte de las autoridades europeas y españolas podría tener un coste de hasta 9.700 euros por persona. Esta cifra siguió empeorando a raíz de las políticas climáticas de la Comisión Europea que dirige Ursula Von der Leyen, cuyo coste estimado ronda los 80.000 euros por familia.
Por tanto, el hecho de que se haya producido un desacople tan profundo en la relación del crecimiento con las emisiones de CO2 debe servir como acicate para revertir la deriva regulatoria y fiscal que amenaza con seguir encareciendo sobremanera los costes empresariales y los precios pagados por las familias, todo a raíz de una agenda "verde" de escasa sostenibilidad económica.

