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Por qué Barbón celebra la economía asturiana y todo lo que eso explica (para mal) de la española

Pese a los datos del Principado, la mejora del PIB por habitante oculta una baja tasa de empleo y el preocupante envejecimiento de su población.

Pese a los datos del Principado, la mejora del PIB por habitante oculta una baja tasa de empleo y el preocupante envejecimiento de su población.
El presidente del Principado, Adrián Barbón, en el Pleno de la JGPA. | Europa Press

El otro día me encontré con este tuit de Adrián Barbón, presidente del Principado de Asturias sobre un hito que, en su opinión, merece ser destacado: su región es la que más ha reducido la desigualdad de renta en los últimos siete años.

Me fijé, entre otras cosas, porque ya desde hace años soy casi más asturiano que madrileño. Y lo primero que pensé fue: "La igualdad del pobre. Cada vez menos renta y menos crecimiento. Menudo consuelo".

Pero tampoco. Si uno mira los datos de PIB per cápita del INE, ni mucho menos Asturias es la que peor lo ha hecho en estos años. Más bien al contrario, es la que mejor se ha desempeñado en esta estadística, junto con Extremadura y Galicia. Sí, quizás nos llame la atención, pero si comparamos PIB per cápita en cada región entre 2019 y 2024 (último año con datos en el INE), son las tres comunidades que más han mejorado. De hecho, si miramos esta estadística con más perspectiva temporal, también podemos llevarnos una sorpresa: desde el año 2000, Asturias es una de las regiones españolas en las que más ha mejorado el PIB per cápita. Según el INE, en el cambio de siglo la renta por habitante en aquella región suponía el 83% de la media española; en 2024, esa cifra había subido hasta el 91%.

La sorpresa no es tanto por el movimiento estadístico, sino por lo que supone respecto a lo que se percibe: cuando uno visita la región de Barbón (y, como les digo, yo casi vivo entre Asturias y Madrid) nunca diría que se respira optimismo económico. ¿Es una zona pobre? No, eso tampoco. Pero la sensación no es, ni mucho menos, de dinamismo, creación de riqueza o pujanza. Si acaso, la contraria: cada cierto tiempo, una noticia del cierre de una gran empresa. Un familiar o amigo que te cuenta que su hijo ha tenido que irse a Madrid o Barcelona (aunque no quería) para encontrar empleo. Un titular sobre la caída de población en alguna localidad de tamaño medio.

Y, sin embargo, ahí está Asturias, mejorando en relación al conjunto del país. ¿Qué está pasando? Quizás ocurra, como en otras métricas, en las que la estadística real se aleja de la percepción o de lo que nos cuentan las noticias. No lo creo. Porque, además, se suma al caso de esas otras regiones que también parecen mejorar en PIB per cápita desde la pandemia. ¿Se está disparando el crecimiento en la España vaciada? No lo parece. En realidad, todo apunta a una cierta distorsión estadística, un cierto efecto composición: y de uno que no apunta precisamente en la buena dirección en lo que hace referencia a la economía española en general.

Por ejemplo, ¿es casualidad que estas tres comunidades sean también las que tienen una tasa de empleo más baja de entre todas las regiones españolas? Porque son las únicas, junto a Andalucía y Castilla y León por debajo del 50%. Cuando hablamos de "tasa de empleo" no estamos pensando en paro exactamente: en realidad, lo que mide este indicador es el porcentaje de población de 16 y más años que está trabajando respecto del total. Pues bien, las regiones españolas en las que más crece la renta per cápita son también las que tienen a menos adultos trabajando respecto de la población total y las que están perdiendo población.

¿Qué nos dice esto? En primer lugar, que en el conjunto de España los que no trabajan lo están haciendo mejor, en términos de ingresos, que los que sí tienen un empleo. Tampoco debería ser ninguna sorpresa: desde hace años, sabemos que el único grupo de edad que ha visto incrementarse sus ingresos desde la gran crisis 2008-2012 es el de los mayores de 65 años. Cuando uno ve estas estadísticas, simplemente confirma por otro lado lo que ya había intuido viendo las cifras generales. Las regiones más envejecidas y que incluso están perdiendo población no lo están haciendo mal en renta per cápita.

Porque ahí tenemos otra característica que une a estas comunidades: Castilla y León, Extremadura, Galicia, Asturias… Todas ellas han perdido población desde 2010, incluso aunque el conjunto del país ha visto cómo se incrementaba el total de habitantes en más de tres millones de personas.

La paradoja es evidente: el empleo y los jóvenes se van, pero las rentas se mantienen o crecen. No entramos en si es justo o no: cada pensionista de cualquiera de estas comunidades autónomas habrá cotizado como todos los demás y tiene derecho a la misma prestación que le correspondería si viviera en otro lugar. La clave no es ésa. En este punto, el tema de debate ni siquiera debería ser ese conflicto jóvenes-viejos con el que parece que ahora queremos explicarlo casi todo. Lo relevante no es eso, sino lo que nos dice de la otra parte de la estadística, la que no sale en la foto de Barbón sobre desigualdad ni en los datos sobre riqueza per cápita: un país en el que las zonas que más empleo están creando o que atraen población no son la que más están creciendo en renta para sus habitantes tiene un problema muy serio. De productividad y crecimiento, por supuesto; pero también de sostenibilidad a medio plazo.

El tuit del presidente asturiano es casi una metáfora: somos más iguales que el resto de España; y, en términos relativos, también más ricos. Y lo somos no porque hagamos más, sino porque hacemos menos. Cualquiera puede ver dónde terminará ese camino.

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