
La miel es uno de los productos más adulterados. Mezclas con siropes baratos y otros productos de dudosa calidad se venden en los supermercados como miel auténtica y, para desgracia de consumidores y apicultores, es un fraude difícil de detectar. Hasta ahora. Un proyecto europeo llamado WATSON, financiado por la Comisión Europea y testado en Asturias con la participación de Asincar y la IGP Miel de Asturias ha probado con éxito un sistema de sensores digitales portátiles capaz de analizar la miel en apenas unos segundos.
El proyecto arrancó en marzo de 2023 y concluye ahora tras casi tres años de trabajo. El sistema consiste en sensores portátiles que utilizan tecnologías de infrarrojo cercano (NIR) e imagen hiperespectral. En la práctica, "leen" cómo la miel refleja la luz en distintas longitudes de onda. Ese "patrón de luz" funciona como una huella: permite al sistema detectar señales de adulteración (por ejemplo, la presencia de azúcares añadidos como siropes de bajo coste) y aportar información sobre el origen botánico de la miel.
El proceso es no destructivo (no estropea la muestra) y muy rápido: en cuestión de segundos se obtiene un resultado orientativo para enviar al laboratorio solo las muestras que presenten indicios de irregularidad, un proceso que suele ser más complejo, costoso y con tiempos de respuesta de días o semanas.
Los responsables del proyecto subrayan que aún hay trabajo por delante: hay que afinar los algoritmos, mejorar la precisión analítica y ampliar la base de datos de muestras con más variedad de orígenes y condiciones de producción. Todo ello será clave para que estas herramientas ganen fiabilidad y puedan dar el salto definitivo al mercado.
