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De Mercadona a los Goya: tres lecciones económicas que nadie explicará en la gala

Entre la gala de los Goya y las primas millonarias de Mercadona, un contraste sobre subvenciones, beneficios y el papel del "jefe": cliente o Estado.

Entre la gala de los Goya y las primas millonarias de Mercadona, un contraste sobre subvenciones, beneficios y el papel del "jefe": cliente o Estado.
El presidente de Mercadona, Juan Roig. | Europa Press

Dos noticias sobre las que se ha hablado (y se hablará) mucho esta semana. Por una parte, la gala de los Premios Goya que se celebra este fin de semana y en la que se anuncian todo tipo de reivindicaciones políticas (casi no se ha hablado de otra cosa en los días previos). Además, para calentar un poco la previa y como cada año por estas fechas, conocíamos los datos más polémicos relacionados con el cine español: el Instituto Juan de Mariana publicaba su informe al respecto, en el que podíamos leer que se ha producido un descenso del 25% en el número de entradas vendidas por las producciones nacionales; eso sí, compensado más que de sobra por la subida de subvenciones y otro tipo de ayudas (sobre todo, un trato fiscal excepcional y beneficioso para el sector).

Mientras tanto, Mercadona anunciaba el miércoles que repartirá 780 millones de beneficios entre su plantilla: lo hará abonando dos primas a aquellos empleados con menos de cuatro años de antigüedad y tres primas para los que lleven más de 48 meses en la empresa (el 70% de la plantilla; otro dato más que llamativo). Para un empleado medio de la cadena de supermercados, esto supondrá un extra de 5.400 euros.

En un primer vistazo, pueden parecer dos temas sin ninguna relación entre sí. Dos sectores que apenas se tocan. Y dos formas de hacer negocio completamente diferentes. Pero si rascamos un poco, nos encontramos con una curiosa línea de puntos que nos lleva del lineal de los yogures al premio al Mejor Guion. Tres enseñanzas económicas muy interesantes para quien quiera aprenderlas.

¿Qué se necesita para mejorar la situación de los trabajadores?

Seguro que, en la gala de Barcelona, junto a las chapitas contra Trump o los pañuelos palestinos, se colará alguna reivindicación sobre las condiciones de vida de los trabajadores.

Curiosamente, casi nunca son los trabajadores del cine. Y eso que tendrían la oportunidad de hacerlo. Hablamos de un sector muy precarizado y que en muchas ocasiones se mueve en los límites de la legalidad (¿Cuántos falsos autónomos trabajan para las productoras españolas?). También, puestos a señalar fenómenos de ese capitalismo salvaje que tanto les molesta, podrían pedir alguna estadística que refleje las diferencias de salario-ingresos: ¿Cuánto se lleva un director o actor de primer nivel y cuánto cobra el último ayudante de producción? Y no hablamos de lo que dice el convenio o de lo que cobra el típico actor de nivel medio, aunque sea más o menos conocido. Intuyo que, para estos últimos, la respuesta es "menos de lo que imagina el público"; y en un sector en el que puedes trabajar tres meses y luego quedarte en casa otros seis. Pero pienso más en los sueldos-ingresos de las estrellas. Los 4-5 top: Amenábar, Casas, Tosar, Almodóvar... Que sé que lo suyo es algo excepcional, como lo son los salarios de los ejecutivos del Ibex. Pero ya puestos a mirar los que quedan tan lejos, no estaría mal echar un vistazo, para saber cómo de igualitarios son los que reclaman la igualdad.

A pesar de lo que pueda parecer por lo que digo en el párrafo anterior, no creo que nuestros cineastas sean especialmente hipócritas. O que no les preocupen las condiciones laborales de sus compañeros. O que no sean sinceros cuando hablan de desigualdad, aunque trabajen en un sector (como el de los medios, por otro lado) en el que esa desigualdad es tan palpable. Es muy humano pensar que lo tuyo es excepcional: ellos saben que Penélope Cruz no le ha quitado nada a nadie para llegar al lugar que ocupa; lo que les falta es el siguiente paso, pensar lo mismo de Juan Roig.

En cualquier caso, lección número 1 de la semana: si quieres mejorar las condiciones de los trabajadores, mira a su productividad y a los beneficios de los que les contratan. Del ingeniero top de Apple a Javier Bardem, pasando por el cajero de Mercadona: todos ellos ganan lo que ganan (y es más que otros que hacen empleos similares) porque son más productivos y porque sus empresas obtienen cada vez más ganancias.

La diferencia entre cliente y contribuyente

Si preguntásemos a los asistentes a la gala sobre el por qué de esa caída en la recaudación o la necesidad de subvenciones, probablemente nos encontraríamos con todo tipo de respuestas. De lo complicado de un sector cambiante por el streaming, de la competencia de las majors norteamericanas o de la importancia de la cultura.

Y me imagino la cara del señor Roig escuchándoles: ¿Sector cambiante? Está Amazon intentando vender hasta cepillos de dientes online. ¿Competencia de grandes actores extranjeros? Alcampo, Carrefour, Lidl, Aldi… Cada día abre uno nuevo. ¿Importancia del producto? ¿Más que comer?

Lección número 2: es mucho más fácil que se ajuste a esos cambios quien piensa en primer lugar en cliente que puede marcharse mañana si no recibe el servicio-precio-calidad que busca, que en aquel que recibe sus ingresos de un tercero (el Gobierno) que no se tiene que rascar su propio bolsillo.

Recordemos la vieja (pero muy actual) de Milton Friedman sobre tipos de gasto: gasto mi dinero en mí mismo (consumo privado); gasto mi dinero en otros (un regalo, una obra benéfica…); gasto el dinero de otros en mí mismo (por ejemplo, en un viaje de empresa en el que sé que podré pasar los gastos); gasto el dinero de otros, en otros (el gasto político: recaudo impuestos y lo reparto con un criterio arbitrario). Es evidente cuál es la forma menos eficiente y tendente al malgasto de la matriz.

Por cierto, para aprender esto no hace falta hacer un curso de Economía. El propio sector audiovisual puede echar un vistazo a su situación actual. ¿Dónde está el mayor foco de creatividad, empleo, crecimiento y, sí, también beneficios de los últimos años? En las series. Nadie tiene que subvencionar a Netlfix para que produzca contenido de calidad.

¿Quién es "el jefe"?

De todas las historias que se cuentan de Mercadona, y son muchas, una de las más conocidas es la que tiene que ver con el apodo que Juan Roig da a sus clientes y que todos sus empleados deben conocer: "el jefe". Así se refieren los trabajadores de Mercadona a usted y a mí, a los que cada día entramos en sus supermercados para comprar.

Más allá de la anécdota, lo que nos dice esa denominación también explica mucho sobre el éxito de Mercadona. ¿Cuál es la fórmula de la cadena valenciana? Productos de calidad a precios bajos. ¿Cómo lo consiguen? Pensando siempre en lo que ese "jefe", que es el que paga, demanda: por eso, esa obsesión con el céntimo (precio) y la calidad que siempre transmite Roig. Por cierto, y esto va un poco al margen del tema de esta columna: la idea de intentar ofrecer el mejor precio al cliente no va asociada con la idea de que cualquier gasto extra sea negativo (los sueldos por encima de la media del sector o el bonus conocido esta semana son un gran ejemplo de que el recorte por el recorte no es la mejor política ni la más eficiente; ninguna consultora lo recomendaría y pocas cotizadas se atreverían a hacerlo; pero esto lo dejamos para otro día).

Lección número 3: los incentivos, importan. Pagar bien al trabajador le empuja a hacer mejor las cosas y querer conservar su puesto de trabajo. Pensar en el cliente hace más probable que cubras sus demandas. En el caso del cine, ¿Quién paga? ¿Qué quiere el que paga? ¿Calidad o politización? Estoy convencido de que buena parte de los discursos que escucharemos este fin de semana vienen de serie. Los que los realizan se los creen. Pero no son discursos en el vacío. También tienen una derivada que podríamos llamar empresarial. Es una manera de decirle al que te sostiene (y no es el público) que sigues ahí, a su lado, ayudándole. Como cualquier súper cuando baja el precio del aceite o lanza una nueva línea de galletas: lo primero que hace es decírtelo, para que seas consciente.

A partir de ahí, nadie espera demasiadas sorpresas. A mí, ni fu ni fa. Hace 20 años que no veo los Goya y eso no cambiará. Ni ellos tienen nada que me interese ni yo soy su público. Si acaso, lo único que me molesta es la pose de anti-sistema o el discursito reivindicativo, con ese tono de "aquí estamos los artistas, para molestar a los poderosos". Por ahí no; del primero al último, son asalariados de los tipos más poderosos de España: esos ministros que se sentarán en el patio de butacas. Y lo normal es que digan muy poco que les pueda molestar.

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