Adiós al mítico Vips de Lista, "el bastión de niños pijos" del barrio de Salamanca en los ochenta
La cadena dejará la esquina que ocupa actualmente, la de Ortega y Gasset con Velázquez, para trasladarse al otro extremo de la manzana.
Durante años, para varias generaciones del barrio de Salamanca, quedar en el conocido como Vips de Lista —el de Ortega y Gasset— era ir a estar, a mirar, a dejarse ver. A ocupar un espacio que funcionaba casi como una plaza interior, con sofás rojos de cuero, mesas redondas siempre llenas y una librería en la entrada que anticipó, sin saberlo, otras formas de consumo cultural que llegarían después. Un lugar que, especialmente en los años ochenta, se convirtió en un punto de referencia muy concreto para los adolescentes de la zona.
"Ese Vips fue el único de Madrid que fue bastión y refugio de ‘niños pijos’ (como dirían Hombres G) en los años 80", describe una vecina del barrio que estudió COU en el colegio del Pilar, a apenas unos minutos caminando. A la salida de clase, muchos se acercaban hasta allí sin un plan definido. "Había un murete muy largo donde nos podíamos sentar y pasar horas simplemente viendo a la gente guapa pasar", explica. Las Vespas y los Vespinos aparcados en la puerta formaban parte de la instantánea, recuerda.
Otro madrileño, también del barrio y estudiante del Pilar, describe escenas muy parecidas. "Con 14 años la pandillita nos juntábamos allí los sábados por la mañana y luego otra vez por la tarde antes de ir a Aguacates", la discoteca de referencia entonces. El Vips era el punto intermedio, el lugar donde pasaba todo lo previo: las miradas, el postureo, el tiempo muerto. "No teníamos suficiente paga para luego tomarnos algo en la discoteca, así que entrábamos allí", cuenta.
Dentro, el Vips ofrecía algo que entonces no era tan común. "Fue un pionero de comida americana tipo hamburguesas o sándwiches", afirma la mujer, aunque lo que realmente marcó la época fueron "las tortitas con nata y los batidos". Una seña de identidad que, desde el aterrizaje de la cadena en España en 1969, ha perdurado con los años.
Pero más allá de la carta, el local contaba con una primera zona en la que se vendía prensa diaria, revistas, libros e incluso artículos de regalo. "Eso hacía que la gente estuviera simplemente mirando y leyendo lo que podía, disimuladamente", explica ella. "Había incluso Playboy", añade él.
Ese multiespacio, donde no era obligatorio consumir rápido ni marcharse, permitía cosas impensables hoy. "Nos juntábamos cinco o seis y con una cerveza podíamos estar dos horas", recuerda el último. Esto lo convirtió en refugio para los jóvenes de los colegios cercanos que hacían pellas.
Ella recuerda con especial nitidez un libro que encontró allí en 1986: Cómo hacer bien el amor a un hombre. "En una época sin Internet y con poca información, eso era un bombazo y un tesoro", dice entre risas. No tenía dinero suficiente para comprarlo y tuvo que pedírselo prestado a una amiga. El libro acabó pasando de mano en mano. Él también guarda "con muchísimo cariño" otro recuerdo de aquella tienda: "El día de mi dieciséis cumpleaños mi novia me regaló un disco que compró allí, el Barcelona Blues de Brighton 64".
Y en fechas clave, como el 1 de enero, resultaba tradición ir a desayunar allí. "Abría muy temprano e íbamos las chicas con sus trajes de fiesta de terciopelo y los niños bien trajeados", cuentan.
Con el paso del tiempo, el lugar se consolidó también como espacio de encuentro para las familias del barrio. "Invité a merendar a mis abuelos en ese Vips con mi primer sueldo", cuenta ella. Algo que también compartieron sus amigas con sus propias familias. De hecho, asegura que ya en los 2000 una de ellas se seguía reuniendo allí para la comida de Reyes.
Ese vínculo prolongado en el tiempo es lo que explica la reacción que ha provocado saber que el Vips de Lista, el de siempre, dejará la esquina que ocupa actualmente —la de Ortega y Gasset con Velázquez— en el Edificio Beatriz. No desaparecerá, pero sí se trasladará. A finales de 2027, coincidiendo con unas obras de remodelación del edificio, el restaurante se moverá al otro extremo de la manzana, a la esquina de Ortega y Gasset con Núñez de Balboa, donde ahora se ubica el Starbucks. El espacio que deja, de más de 1.100 metros cuadrados, lo ocupará Cristina Oria.
Desde la compañía insisten en que no se trata de un cierre. "Las obras no afectarán a la actividad de VIPS" y el servicio se mantendrá de forma continuada, explican. Es decir, no se moverán hasta que las obras finalicen.
Aun así, la sensación para muchos vecinos es de pérdida. No tanto por el restaurante en sí como por lo que representó ese lugar concreto. "Siento nostalgia y añoranza recordando sobre todo personas que compartieron mi vida en ese espacio", reconoce la entrevistada. "Me hace sentirme muy mayor y darme cuenta de cómo han cambiado las costumbres", añade. Él también lo recibe con "pena", aunque asume: "Pero el mundo gira y la vida continúa".
Lo más popular
-
Alejandra Rubio y Carlo Costanzia esperan su segundo hijo: así harán pública la noticia -
¿Qué le pasa a Gustavo Petro con el sexo y el alcohol? -
Barcelonistán, la capital de los pakistaníes del Punyab que encumbraron a Collboni -
Sánchez llega a otro acuerdo infame con Bildu: sacar a ETA de la lista de organizaciones terroristas de la UE -
Las últimas polémicas de los Reyes y el motivo histórico por el que nunca se sientan en el Trono"
Ver los comentarios Ocultar los comentarios