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La centenaria que cumplió su sueño de conocer a Ayuso retrata al sanchismo: "Lo que peor llevan es no dominar Madrid"

Cumplió 100 años el 10 de marzo y ha hecho realidad su sueño de conocer a la presidenta. Su vida, marcada por la guerra, es hoy una lección.

La voz de la experiencia, en este caso, tiene nombre y apellidos: María del Mar Ollero. El pasado 10 de marzo cumplió 100 años rodeada de hijos, nietos y bisnietos, después de una vida atravesada por la historia de España. Y lo hizo cumpliendo además uno de sus grandes sueños: conocer en persona a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Sentada en el salón de su casa, con la memoria sorprendentemente viva para quien acaba de celebrar un siglo de vida, recuerda episodios que van desde la Guerra Civil hasta la política actual.

Su mirada mezcla ternura y firmeza cuando habla de su encuentro con la presidenta madrileña. "Muy bien, muy cariñosa", resume cuando se le pregunta cómo fue conocerla en persona. El encuentro tuvo lugar unos días antes de su cumpleaños, durante un acto institucional celebrado con motivo del 8 de marzo. Allí recibió flores y también un paraguas, un gesto sencillo que recuerda con especial cariño. "Me alegró mucho", reconoce.

El sueño de conocer a Ayuso

Para María del Mar, conocer a Ayuso era algo más que una curiosidad. Era un deseo que llevaba tiempo repitiendo en casa y que finalmente pudo cumplir. "Es igual que en la tele, muy cariñosa", asegura.

Durante la conversación no oculta su simpatía por la presidenta madrileña ni su visión de la política actual. De hecho, deja una reflexión que resume su forma de entender el panorama político español: "Lo que peor lleva el socialismo es no estar en Madrid y no dominarlo". Lo dice con naturalidad, como quien habla desde la experiencia de haber visto pasar décadas de gobiernos, crisis y transformaciones políticas.

Un siglo atravesado por la historia

María del Mar nació el 10 de marzo de 1926 en un cuartel de la Guardia Civil en Lorca (Murcia). Su padre era militar y el destino familiar la llevó pronto a Madrid, donde crecería y donde ha vivido prácticamente toda su vida.

Pero si hay un episodio que marcó profundamente su infancia fue la Guerra Civil. Tenía apenas diez años cuando estalló el conflicto y aquellos años siguen muy presentes en su memoria. "Lo pasamos muy mal", recuerda.

El hambre fue una constante. En su casa apenas había comida y cualquier gesto de ayuda se convertía en un salvavidas. Una tía que trabajaba en una pensión les enviaba los restos de pan que sobraban en las mesas. Los guardaba en una caja de zapatos y se los mandaba. "Cuando llegaban, aquel pan —muchas veces duro como una piedra— era casi un tesoro", explicaba emocionada.

Recuerda también cómo la desnutrición de aquellos años dejó huella incluso en su propio crecimiento. "Tenía diez años y me estaban empezando a salir los dientes. El pan llegaba durísimo y me destrozaba la boca", explica al recordar aquellos tiempos.

Un mensaje que repite con firmeza

A lo largo de la conversación hay una idea que María del Mar repite varias veces. No es tanto un deseo personal como una advertencia nacida de quien ha vivido las consecuencias de un conflicto. "Que no haya guerra", insiste.

El recuerdo de lo que vivió de niña sigue muy presente. "La guerra es muy mala. Muy mala para todos, para los que ganan y para los que pierden", explica. "Se muere muchísima gente y muchísimos niños". Cada vez que escucha hablar de conflictos o tensiones internacionales, reconoce que el miedo vuelve a aparecer. "Me da terror pensar que pueda haber otra".

Su cumpleaños número cien ha sido una celebración que la familia llevaba tiempo preparando. Hijos, nietos y otros familiares se reunieron para acompañarla en un día que difícilmente olvidará. Algunos incluso se desplazaron desde otras ciudades e incluso desde el extranjero para estar presentes.

María del Mar lo recuerda con emoción. "Ya no sé cuándo ha sido cada cosa", admite entre sonrisas. Su hija explica que han sido días de gran emoción para todos. La jornada comenzó con una sorpresa que todavía le hace sonreír. "Me levanté con mi cuidadora y lo primero que vi fue a la tuna por el balcón, con todos los vecinos asomados a las ventanas", relata.

Después llegó el momento de reunirse con toda la familia. "Luego me arreglé para ir al restaurante donde estaba toda mi familia".

La serenidad de quien ha visto casi todo

Cuando se le pregunta por nuevos sueños, María del Mar sonríe con sencillez. Después de cien años, las aspiraciones cambian. "No quiero nada más", dice en un momento de la conversación. Y vuelve, inevitablemente, a la misma idea que atraviesa todos sus recuerdos y su experiencia vital: "Que no haya guerra".

Quizá sea la reflexión más clara de alguien que ha visto pasar casi un siglo de historia y que, desde la tranquilidad de su casa, recuerda que hay lecciones del pasado que nunca deberían olvidarse.

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