
La capital consumirá más de 6,3 millones de rosquillas durante las fiestas de San Isidro, según las previsiones de la Asociación de Empresarios Artesanos del Sector de Pastelería y Panadería de Madrid (Asempas). Una cifra que confirma que el dulce más castizo sigue muy lejos de pasar de moda.
Y es que la patronal pastelera destaca que "la calidad artesanal sigue ganando terreno", con un aumento del consumo de productos "tradicionales y naturales" en los obradores madrileños. Y eso incluye también a las rosquillas.
Entre todas las variedades, las reinas siguen siendo las listas. Son "las más demandadas" y rozan la mitad del consumo total. Les siguen las tontas, las de Santa Clara y las jubilares, que juntas representan el 40%, mientras que las francesas ocupan el 10% restante.
Las tontas mantienen la receta más sencilla, con masa de huevo, aceite, azúcar, harina y anís. Las listas, en cambio, se terminan con un baño de jarabe de azúcar y limón y un glaseado final que las convierte en las favoritas de muchos madrileños. Las de Santa Clara llegan cubiertas de merengue y las francesas se reconocen por la almendra en grano, la yema de huevo y el azúcar glas con el que se rematan tras el horno.
Las más recientes son las jubilares, creadas en 2022 a petición del Ayuntamiento de Madrid durante el Año Santo de San Isidro. Se elaboran con masa de anís, cobertura de chocolate y decoración libre. Además, cuentan con versiones sin gluten dirigidas a personas celíacas, coincidiendo con la celebración en mayo del día y el mes del colectivo celíaco.

