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Libia, una guerra made in Francia

  Francia ha liderado la resolución de ataque sobre Libia, pero ¿Cómo lo ha conseguido exactamente? ¿Qué papel ha jugado Henri Lèvy?. 

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El filósofo francés Henri Lévy está tomando parte en los sucesos de Libia de una manera bastante particular, según relata Le Figaro. El caso tiene particular transcendencia porque Lévy ya jugó un papel más cercano a la diplomacia que a su labor filosófica y ensayística en la guerra civil yugoslava, llegando a reunirse personalmente con el presidente bosnio Alija Izetbegovic.

Y parece que ahora vuelve a tomar parte activa en los acontecimientos internacionales. Según reseña el diario francés, Henri Lévy estaría actuando casi como un "ministro de asuntos exteriores".

A finales de febrero, el filósofo se fue a El Cairo para escribir un artículo para Liberation. Pero le fallaron los cálculos, y llegó cuando Mubarak ya había caído, y el resto de la prensa internacional estaba informando al detalle de cada acontecimiento.

Como un golpe de suerte, recibe las infomaciones que hablan de las primeras insurrecciones en Libia, concretamente en Bengasi. Tras dudar varios días al regresar a París, se traslada hasta allí, donde entabla relación con los incipientes líderes que empezaban a fraguar una revolución para derrocar a Muamar Gadafi. Se reúne con ellos, justo en las fechas en las que se autoproclaman como Consejo Nacional de Transición, que por entonces aspiraba a reunir a todas las fuerzas de oposición contra el sátrapa libio.

Como señala Le Figaro, Henri Lèvy no se limita a hacer una entrevista exclusiva, sino que toma las riendas, como si de un diplomático se tratara, y promete a los rebeldes libios que serán recibidos en el Elíseo. Esa misma noche de principios de marzo, contacta con Nicolás Sarkozy y le pregunta si estaría dispuesto a recibir a Massoud. El líder galo accede.

El 10 de marzo les recibe en la Sala verde del palacio presidencial junto a el consejero Hernri Guaino, que en 2007 había tachado a Lévy de "imbécil pretencioso". Sarkozy acepta encantado la oferta hecha por el filósofo y hace pública su decisión: reconoce al Consejo Nacional de Transición como representante legítimo de Libia, proclamando que enviará un embajador francés a la ciudad rebelde de Bengasi.

Los libios anuncian al mundo "la buena noticia". Tienen el respaldo de Nicolás Sarkozy. Pero, cuando la prensa se echa sobre el ministro de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, se dan de bruces con la realidad: no tiene ni idea de nada. El máximo responsable de la política exterior francesa no sabe qué decir.

Las cosas se complican cuando Sarkozy comprende que su decisión no resulta de gusto de Whasington. Henri Lèvy se percata de ello en una entrevista en el Hotel Westin en París entre el Secretario de Estado de Estados Unidos y el enviado de Libia, Mhmoud Jebril. Su hombre en Bengasi le informa que EEUU no quiere una intevención militar en Libia.

Entonces, según Le Fígaro, Lévy da su golpe maestro. Decide presionar a Sarkozy asegurando que será salpicado con la sangre de los libios muertos si no logra que el mundo intervenga militarmente en el país. El presidente galo queda convencido, y envía a Juppé a Nueva York, para representar esta postura. Llama personalmente a los 15 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU para convencerles de que aprueben la resolución de dar orden de ataque a Libia. Francia se convierte en el país líder de la resolución, que se aprueba esa misma medianoche, un triunfo de Sarkozy y su "ministro-bis". Una guerra a la medida francesa. 

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