L D (EFE) Pasados ya cuatro días de su dimisión como jefe de Estado de Georgia, Shevardnadze pudo recoger sus efectos personales de la Cancillería del Estado y se despidió de sus antiguos colaboradores en el edificio presidencial. "Claro que es triste. Trabajé aquí muchos años", aseguró a la prensa.
Hasta ahora, Shevardnadze no había podido acceder a su antiguo gabinete debido la presencia de grupos de jóvenes ultranacionalistas en las cercanías de la Cancillería del Estado, edificio que, junto al Parlamento, fue asaltado el pasado sábado por la oposición en la revuelta que derivó en la caída del presidente. "Mientras que esté entre vosotros, mi seguridad está garantizada", dijo Shevardnadze a los periodistas, en respuesta a una pregunta sobre su posible temor a represalias por parte de las fuerzas nacionalistas ahora en el poder en Tiflis.
En los últimos días se han propagado en la capital georgiana los rumores sobre un eventual procesamiento de Shevardnadze en relación con el fraude y falsificación de los resultados de las elecciones parlamentarias del pasado 2 de noviembre, caso sobre el que ya se ha abierto un proceso legal. Pero según dijo el líder de los socialistas georgianos, Vajtang Rcheulishvili, el ex presidente debe temer no sólo por su seguridad jurídica o penal. "El régimen que ha llevado a cabo esta revolución no está interesado en que el ex jefe de Estado siga vivo, pues siempre existiría el peligro de que, como sucedió con el ex presidente Zviad Gamsajurdia, los partidarios de Shevardnadze traten de reanimarlo como figura política", dijo Rcheulishvili.
El líder socialista tampoco descartó que "en la eliminación física de Shevardnadze puedan estar interesados servicios secretos extranjeros para provocar la desestabilización de Georgia", sin embargo, manifestó su seguridad de que el "testarudo" ex presidente no abandonará su país pese a esa amenaza.
El ex jefe de Estado afirmó a los periodistas que hace unos meses ya había pensado en dimitir, pero las circunstancias difíciles por las que pasaba Georgia le hicieron reconsiderar ese paso. Explicó que cuando finalmente dimitió el domingo pasado, lo hizo también "aconsejado" por sus familiares. Shevardnadze decidió ese mismo día permanecer en Tiflis para "ayudar" a su país en la transición política tras la revuelta popular que provocó su dimisión y ante el reto de nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias, tras la anulación este martes de los comicios legislativos del 2 de noviembre por el Tribunal Supremo.
El ex presidente aventuró que los tres líderes opositores que encabezaron el levantamiento ciudadano seguramente se convertirán en las tres principales figuras políticas del país una vez que se complete ese proceso electoral. Se refería a la actual presidenta en funciones del país, Nino Burdzhanadze; al líder del Movimiento Nacional y principal cabecilla de la revuelta en la calle, Mijail Saakashvili, y al político demócrata Zurab Zhvania, considerado el "cerebro" de la crisis. "No voy a señalar a ninguno de ellos (como futuro jefe de Estado), pues en realidad uno podrá ser el próximo presidente, otro el primer ministro y el tercero se pondrá al frente del Parlamento", dijo Shevardnadze.
