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Camps despeja el camino de Rajoy a La Moncloa

  • Rajoy, a Camps: "Por el bien del partido"
  • Le promete un cargo tras las elecciones
  • Habla de "un gran amigo y dura decisión"

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Mariano Rajoy ganó a Francisco Camps el último pulso, el más decisivo, el que le afectaba a él en primera persona, pues ponía en peligro su carrera electoral hacia La Moncloa. Y le hizo caer a su estilo, por la puerta de atrás, en silencio, como hizo con el ex tesorero Luis Bárcenas.

La primera línea trazada por el líder del PP fue que el barón levantino compareciera ante el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana para admitir su culpabilidad en la denominada causa de los trajes, aceptando con ello el pago de la multa más alta. Sin embargo, quienes conforman el cinturón de Camps siempre tuvieron claro que él no aceptaría.

"Soy completamente inocente", reiteró Camps, a la postre que presentaba su dimisión en una comparecencia ante los medios de comunicación, después ratificada ante el máximo órgano de los populares valencianos. Y es que, en voz de unos de los suyos, él cree que es "víctima de un complot", de una "maquiavélica gestión" urdida por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Para intentar convencerle de que ésa era la única opción, Rajoy envió a su hombre en estas lides: Federico Trillo, responsable de Justicia de la formación y diputado por Alicante. El tridente negociador lo completaban Juan Cotino y Ricardo Blasco, que se reunieron en constantes ocasiones antes del veredicto final para analizar la crisis.

Pero Camps es "de palabra, católico hasta la médula" y nunca pensó en dimitir. Su aliado en esta decisión no fue otro que Ricardo Costa, su número dos en la primera batalla interna por la trama Gürtel y, hasta hoy, el mayor perjudicado por perder hasta el carnet de militante.

Al ex secretario general del PPCV se le llegó a prometer "mano" una vez ganadas las elecciones para que la Fiscalía no indagara a propósito de la trama de financiación ilegal, la verdadera mancha negra, pero él siempre renunció -asesorado por sus abogados- a declararse culpable.

Descartada toda posibilidad de que Camps se autoinculpara, Rajoy decidió actuar y entablar una conversación directa con el que, tras su segunda derrota electoral contra Zapatero, le apuntaló al frente del PP y le ayudó a conseguir los avales necesarios. "Por el bien del partido", según las fuentes, "lo mejor es que te marches", le vino a decir. Y le inquirió: "Tus opciones son o aguantar durante cuatro años la deshonra de ser un presidente con una condena o bien renunciar al cargo".

El líder del PP "tomará decisiones", aventuró Soraya Sáenz de Santamaría, poco habitual en mojarse en asuntos internos. Y, aunque desde Génova se insiste en que no ha habido "cocina", Rajoy acabó por imponerse. Como lo hizo con Bárcenas, a quien echó sin comparecencia alguna y tras un año de tiras y aflojas. En ambos casos, los afectados dimitieron "por el bien del partido" pero él les dio el mordisco de la serpiente.

Rajoy, como por otra parte es habitual en él, no utilizó palabras gruesas, algo que dejó a su entorno. A Camps se le llegó a amenazar con una gestora si se sentaba en el banquillo, como era su intención. El gran objetivo es que no manchara la campaña electoral a las generales, lo más temido por la dirección nacional.

Ahora bien, en este caso, hay contrapartida: un cargo "de responsabilidad" una vez Rajoy gane las elecciones generales y se demuestre su "inocencia". En los círculos valencianos suena con fuerza el de embajador ante la Santa Sede, precisamente por fervor católico. Clarificador fue Javier Arenas: "Seguro que le quedan muchas cosas que hacer en el PP".

"Hasta que Mariano no diga nada no pasará nada", resumía, gráfico, un miembro de la dirección nacional. Y así pasó, para alivio general en el bastión de los populares. "¡Por fin!", exclamó un dirigente de esa cúpula que, desde que se supiera de la decisión del juez Flors, resoplaba por un puñetazo en la mesa del líder.

Oficialmente, eso sí, se muestra la pleitesía típica con otros cadáveres políticos: "Respeto a esta decisión difícil, dura, que en absoluto puede menoscabar o manchar una trayectoria ejemplar de muchos años al frente de la Generalidad". No sin recalcar que lo hecho este 20 de julio por Camps ha sido "en beneficio del partido, de Rajoy y de los ciudadanos".

"La decisión que ha adoptado Camps no prejuzga en absoluto su presunción de inocencia, ni menoscaba su ejecutoria intachable al frente de la Generalitat que los valencianos acaban de revalidar democráticamente", afirmó Rajoy, a través de un comunicado, en el que definió al ex presidente como "gran persona y amigo". "Es una decisión muy dura" con el objeto de "mejorar la imagen y el prestigio de las instituciones en la Comunidad de Valencia y en toda España".

Sin Camps en el mapa político, y sin ningún manchado por tramas corruptas, Rajoy encara el próximo curso con todo a su favor: las encuestas le auguran mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y, para rematar, podrá hacer uso del chivatazo a ETA en su estrategia electoral, ya que Alfredo Pérez Rubalcaba no se la podrá devolver con el caso Gürtel.

"La dimisión de Camps coloca la pelota en el tejado del PSOE y enseña el camino a seguir a Rubalcaba y a Camacho", sentenciaba, a través de Twitter, Cristina Cifuentes, del equipo de confianza de Esperanza Aguirre. Incluía a dos personas más: Chaves y Griñán, implicados en el escándalo de los ERE irregulares.

Ahora sí, Rajoy se puede ir tranquilo de vacaciones. Según sus cálculos, a la vuelta ya estarán convocadas las elecciones y no concluiría 2011 sin que él sea el sexto presidente de la Democracia. Y, en Valencia, Alberto Fabra, aseguran, no les dará problemas.

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