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El PP pasa lista en la presentación del libro de Rajoy

Sólo faltó que le gritaran torero. El Rajoy más crecido observó desde la tribuna como nadie faltaba a la presentación de su libro: más de 600 ilustres asistentes.

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Sólo faltó que le gritaran torero. El Rajoy más crecido observó desde la tribuna como nadie faltaba a la presentación de su libro: más de 600 ilustres asistentes.
Aznar, Cospedal, Aguirre o Gallardón, junto a Rajoy | Tarek/PP

Todo el que fue algo, el que lo es y el que, si las encuestas no fallan, lo será en cargos de responsabilidad institucional tras el 20-N. El Partido Popular al completo arropó a su líder en la presentación de su libro y le hizo el corrillo, cual torero triunfante a punto de abrir la puerta grande de Las Ventas.

Ni rastro queda ya de ese sector crítico que, al principio de la legislatura, agitó las aguas hasta el punto de hacer zozobrar el barco popular. Hoy todos reman en la misma dirección, y ahí estaba José María Aznar para escenificar el mayor espaldarazo al que fue su pupilo. "Lo más apremiante, lo más importante, es echar a los socialistas y poner a funcionar a España", afirmó uno de esos dirigentes que alertaron de un cambio brusco en la ideología, y que ahora se rinde a la evidencia de unos sondeos que dan al PP mayoría absoluta si hoy se celebraran los comicios.

En esta ocasión, la noticia estaba en la lista de invitados. Y desde una hora antes del inicio del acto, en el selecto hotel Intercontinental de Madrid, muchos eran los rostros conocidos, de los sectores más influyentes. Del empresarial no faltaron la baronesa Thyssen, Ignacio Sánchez Galán (Iberdrola), Pío Cabanillas en sustitución de José Manuel Entrecanales, Enrique Cerezo o Esther y Alicia Alcocer (hijas de Esther Koplowitz). Algunos en las primeras filas y otros entre el gentío. Fueron más de seiscientos los invitados.

Pero, principalmente, había dirigentes del PP en un qué hay de lo mío a dos meses de las elecciones. Estuvieron en la cita todos los que ocupan un puesto en las quinielas a ministro y también históricos del denominado ala dura como Ángel Acebes o reconciliados como Gabriel Elorriaga o Gustavo de Arístegui. Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal, Ana Mato, Javier Arenas, Esteban González Pons, Pío García Escudero... Muy buscados fueron Alberto Ruiz Gallardón y Ana Botella, toda vez que arrecian los rumores de que el primero formará parte del Gobierno y la segunda, en voz de Rajoy, sería una "magnífica alcaldesa" de la capital.

Desde presidentes autonómicos a una multitud ingente de diputados y senados. Y una única diferencia: una cinta roja que separaba a los VIP de los del montón, ya que en ese qué hay de lo mío también hay diferentes ligas.

A todos ellos, Rajoy se presentó como un jefe sin rencor, en una especie de cántico celestial para calmar las revueltas aguas consecuencia de la confección de las listas. "No hablo mal de nadie, ni siquiera de mí mismo", dice, en referencia a su obra. Un libro a su favor porque "es bueno hacer justicia de vez en cuando y para lo otro ya hay voluntarios por doquier".

"No es de chismes ni para meterse con nadie", insiste, conocedor de que muchos se lanzaron en avalancha a la librerías para saber si el líder les tosía. Pero nada, de hecho ni tan siquiera carga contra José Luis Rodríguez Zapatero, mientras que a Alfredo Pérez Rubalcaba sólo le mienta una vez porque "sus méritos, los de los dos, son incuestionables y es de justicia reflejarlos".

En su libro, y en esa confianza escritor-obra, el político llamado a presidente habla de la crisis económica o de la política antiterrorista, pero también de su familia y, en especial, de su mujer, Elvira. Siempre en un segundo y discreto plano, también ella estuvo arropándole.

Pocos mensajes de calado, pero tal vez Rajoy sí que elevó el más importante; el de sus grandes convicciones: "Yo creo en España, en la Constitución, en la Unión Europea, en las reglas de juego, los consensos básicos, la libertad, en la igualdad de oportunidades, derechos y obligaciones, y también creo que hay que trabajar por el bienestar y ayudar a quienes están peor", solemnizó, no sin recibir una ovación cerrada.

Y fue también entonces cuando pidió, a su estilo, siempre fiel a su estilo, la confianza de una amplia mayoría para el 20-N: "Por una apuesta por la concordia, por un proyecto común. En España, si las cosas se hacen bien, hay un lugar muy importante para la esperanza". Tras ello, y durante otra hora, lo que hizo fue firmar libros... de todos aquellos que dicen hoy qué hay de lo mío y que hacen cola frente al despacho de Rajoy para pedirle una oportunidad.

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