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Rajoy espera que Zapatero le 'preste' el despacho tras el 20-N

Términos presidenciales para la "grave" situación. Rajoy convoca a su gabinete de crisis y manda mensajes de confianza. El PP habla de operación salvamento.

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En el Partido Popular ya utilizan los términos presidenciales para explicar los pasos que está dando su candidato. A una reunión con sus asesores más próximos la denominan gabinete de crisis y a las gestiones que realiza fuera de nuestras fronteras operación salvación. Y es que no es menos cierto que Mariano Rajoy ya ejerce de presidente de facto, hasta el punto de que espera de José Luis Rodríguez Zapatero que antes incluso del traspaso de poderes le preste su despacho.

En la práctica, ya es lo que ocurre. El que, según todas las encuestas, será próximo inquilino de La Moncloa y el que aún habita en ella conversan casi a diario, por lo que se presupone que también lo habrán hecho ahora que la prima de riesgo está desatada. “Existe, incluso, complicidad”, asegura un alto cargo de la formación.

Paralelamente, el equipo económico de Rajoy ultima ya un plan de choque que presentar a Bruselas el día después a las elecciones generales. El objetivo pasa porque las instituciones comunitarias confirmen que “existe un plan” y que se “puede apostar a las claras” por el país.

Ya a micrófono abierto, el candidato se pone el mono de campaña muy a su pesar -lo que él quiere es ponerse a trabajar ya- e insiste en un doble mensaje; el de que España es un “gran país” -el cuarto en importancia de la UE- y que saldrá adelante gracias a políticos -amparados por las urnas- y no por tecnócratas, al estilo italiano o griego.

En Badajoz, y ante más de mil quinientos simpatizantes, Rajoy no se anduvo por las ramas y expuso a las claras: “Están pasando muchas cosas en Europa. Vemos como se forman gobiernos presididos por personas que no han comparecido a ninguna elección, como personas que no formaban parte del Parlamento forman parte de esos gobiernos. Yo no discuto su legitimidad, pero no es lo que nos gusta”.

Por lo que apuesta el líder popular es “por los grandes políticos” capaces de liderar “una gran tarea nacional” que afectará a las próximas décadas. “¡Personas serias, elegidas por las urnas!”, remató. Ya en Sevilla, y en uno de los actos más multitudinarios de la campaña, Rajoy insistió en el mensaje, apelando incluso a la soberanía nacional: "Este país está en el euro, quiere estar en el euro, no se va a ir nunca. Va a cumplir sus deberes y compromisos y va a estar a la altura de las circunstancias”.

“Creo en mi país, ¡confío en mi país!”, llegó a exclamar un Rajoy mucho más flamenco en Sevilla, donde pareció embriagarse del ambiente. Pese a todo, el eje central de su intervención fue para mandar un mensaje de confianza: “Aquí estamos nosotros, un gran país, el cuarto de la zona euro”.

Eso, y nada más, es lo que se discute el 20-N, en opinión de Rajoy, y por ello enfatiza que “no aceptamos lecciones de quienes no han sabido gestionar la situación en la que estamos, de quienes han hecho recortes sociales y en 1996 nos dejaron una seguridad social quebrada”. Y sentenció: “Lecciones, ninguna”.

Tras ello, el diagnóstico certero: “Lo que viene por delante no va a ser fácil, va a ser difícil” porque “no hay recetas mágicas ni pócimas milagrosas”, aunque si algo llevará por bandera será “la austeridad”. “Las cosas se pueden y se deben hacer infinitamente mejor”, momento en el que apeló al espíritu del primer Gobierno de Aznar: “Entonces, en Europa se nos escuchaba y se nos miraba bien. ¿Por qué no vamos a ser capaces de hacerlo ahora?”.

Aunque no dio nombres -mantiene un secretismo calculado en este sentido-, Rajoy sí que habló de su futuro Ejecutivo: “Ninguna broma a la hora de formarlo, van a ir los mejores, van a valer mucho más que yo”. Un Gobierno que “va a pedir la opinión de quien quiera darla lealmente, pero va a tomar decisiones y va a gobernar”.

En la penúltima jornada de la petitoria oficial del voto, Rajoy apenas incluyó algún guiño nuevo a su discurso, calcado a la de jornadas previas. Tras el rosario que supone estar largos minutos saludando a los suyos, el candidato se monta en su coche y vuelve a lo importante para echar vistazo a su móvil bajo el temor de cómo irán los mercados.

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