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Rajoy apela a la solidaridad nacional para salir de la pesadilla

Templado, evitando en todo momento la euforia. El presidente Rajoy mandó dos mensajes; a las CCAA y a la UE. Y remató: España saldrá adelante.

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Mariano Rajoy se fumó el puro de la victoria. El definitivo, tras ir ganando uno a uno todos los comicios de esta legislatura catastrófica para España. El sexto presidente de la democracia superó primero una brecha interna nunca antes vivida en el PP para después tomar las riendas, aún en la oposición, y hablarle de tú a tú a Europa y al mundo. Ha conseguido la mayoría absoluta más importante de la historia del PP.

Fue una noche lectoral previsible en el cuartel general de los populares, tanto o más que su líder, en el que la euforia la ofrecieron las bases. "Nada de fiesta" para un partido que el 21-N se tendrá que poner a trabajar, con un gabinete de crisis encargado de pilotar la transición hasta el traspaso de poderes.

De la tercera planta para arriba, todo eran altos cargos de la formación, empezando por José María Aznar. La estampa era la de miembros de la segunda y tercera fila a un lado, y el núcleo duro al otro, más próximos físicamente a Rajoy. Una vez se conocieron las primeras encuestas, el líder popular recibió algunas felicitaciones -los líderes europeos se adelantaron a los nacionales- y se encerró en su despacho.

Rajoy no salió ante los medios de comunicación hasta recibir tres llamadas clave, las del Rey, el presidente Rodríguez Zapatero y el candidato perdedor Rubalcaba. Confirmada la abrumadora mayoría absoluta, soltó el puro y se encaminó hasta la sala de prensa para hacer un discurso que marca un antes y un después. Una intervención de altura, para una encrucijada histórica.

En una declaración institucional, en la que no admitió preguntas y no se refirió a la fuerte incursión de Batasuna -con grupo propio en el Congreso-, el que está llamado a ser jefe del Ejecutivo dedicó sus primeras palabras "a todo el pueblo español" para, a renglón seguido, dirigirse a la Unión Europea. "Agradezco de todo corazón la confianza en el PP, el inmenso honor que nos han otorgado".

Rajoy se definió presidente "de todos", incluso de aquellos "que no nos han votado". El interés general "por encima de cualquier interés particular", o, en otras palabras, estar permanentemente "al servicio de España y de los españoles". Llegó a asegurar que "nadie debe sentir inquietud" porque sus únicos enemigos son "el paro, el déficit, la deuda y el estancamiento económico". Traducido: "Todo lo que mantiene a nuestro país en estas críticas circunstancias".

Incluso en su gran día, el candidato evitó la euforia, aunque su sonrisa le delataba. Ya en el balcón, sí que reconoció que "está feliz" pero que mañana se pondrá a trabajar. Junto a él, además de una radiante Elvira Fernández -a la que besó-, quienes lo serán todo en su futuro Gobierno: Alberto Ruiz Gallardón, Ana Mato, Soraya Sáenz de Santamaría, Jorge Moragas, Esteban González Pons, Pío García Escudero, Miguel Arias Cañete... y otras dos mujeres clave en el resultado electoral, las presidentas Esperanza Aguirre y María Dolores de Cospedal.

"Son horas decisivas para España", sentenció un patriótico Mariano Rajoy, que definió el 20-N como un antes y un después en "el destino de nuestro gran país". Décadas en juego en las que se mide "el temple de los hombres", ya que estamos ante "la más delicada coyuntura". Ahora bien, "desde esta hora quiero decirles a todos los españoles que vamos a darlo todo y que sólo saldremos adelante si salimos todos juntos y todos aportamos lo mejor de nosotros mismos".

El candidato no dudó en reconocer que el país había perdido el norte -"incluso las grandes naciones se olvidan de que lo son y se dedican a cosas pequeñas"-, y de ahí que se comprometiera a que "no volverá a suceder" porque él no caerá "en el sectarismo o las rencillas". "Subrayo esta idea, la del esfuerzo común, de todos y para todos".

El primer anuncio presidencial

Un principio solidario al que Rajoy llamó con ahínco, sin perder un ápice su halo de presidente con un brutal respaldo ciudadano. "Somos una gran nación, entre otras cosas, porque nuestra diversidad es fruto de grandeza", motivo por el cual hizo su primer anuncio tras arrasar: "Convocaré a todas las Comunidades Autónomas, con independencia de su color político, para gestionar esta grave situación".

Tras el mensaje en clave nacional, el exterior: "Somos grandes dentro de la Unión Europea. Nuestro destino se juega en y con Europa", afirmó con esa contundencia de los grandes hombres. No sé quedó ahí: estaremos "donde se juegan nuestros intereses" de forma "leal y exigente", pero -y ahí vino lo importante- con una España "cumplidora y vigilante" de sus intereses. "Dejaremos de ser un problema para ser una solución".

Dos ideas fundamentales, para rematar que el pueblo español "se ha expresado alto y claro". A los conciudadanos se dirigió en un canto final a la esperanza: "En ese cambio os quiero convocar a todos, quiero contar con todos. Con ese cambio me gustaría que pudieran confiar todos". Y su "alma" -como dijo en el cierre de campaña- estará a ello: "No me van a faltar ni las ganas ni el compromiso. No hay milagros, no lo hemos prometido, pero cuando se hacen bien las cosas los resultados llegan", concluyó, para reclamar como broche final "compartir esta confianza".

Su núcleo duro le rodeó entonces y le dejó con Viri, la otra protagonista de la jornada. Esta vez sí que sonrió, botó, besó a su marido. Tras completar el tour con su salida al balcón de Génova, se metió al ascensor y volvió a su despacho. Le dio la última calada a ese puro de la victoria que le ha costado dos legislaturas. "Mañana ya estaré trabajado". Palabra de presidente.

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