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Política sin espectáculo

El primer enfrentamiento entre José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero ha terminado con menos brillantez de la esperada. Si la política tiene un factor de espectáculo, en esta ocasión este elemento ha brillado por su ausencia.

José María Aznar se ha movido en su terreno, no tiene nada que demostrar después de más de cuatro años en el banco azul. Sólido en los argumentos y sobrio en las formas, no ha enseñado sus mejores cartas parlamentarias. Zapatero, algo nervioso en el arranque, ha demostrado dotes de buen parlamentario, aunque ha tenido claros gestos de agarrotamiento.

Ha sido, en el fondo, una primera toma de contacto entre dos políticos que saben que, a partir de ahora, se van a tener que ver las caras con frecuencia. Por lo tanto, no han mostrado públicamente lo mejor de cada casa. De todas formas, en Aznar sí se ha percibido un claro recordatorio: "yo he pasado muchos exámenes, es el líder de la oposición quién ahora tiene que hacerlo".

La primera toma de contacto entre los dos nos enseña que, como espectadores, podremos asistir a buenas tardes parlamentarias, aunque de momento prefieren guardar distancias. Por lo que parece, no quieren que sea el momento del espectáculo; y la política, sin ese factor, es más aburrida, pero sobre todo es mediocre.

Esperemos desde ahora un punto de arrojo político, una apuesta por enriquecer la vida parlamentaria con mayor vitalidad. La vitalidad de los ciudadanos.

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