En esta ocasión no hay diseños políticos, ni estrategias electorales. Esta vez es la propia sociedad vasca y española la que está levantando de forma pacífica y razonable contra los terroristas etarras, pero también contra los dirigentes nacionalistas que conviven sin escrúpulos con los asesinos.
Lo que más temen, lo que más duele, lo que más asusta a etarras y nacionalistas es el clamor popular. Es, en definitiva, la reedición del “espíritu de Ermua”. Es la posibilidad de que el pueblo, lejos de los despropósitos de sus dirigentes, pida a gritos un cambio de forma inmediata. Y ese cambio, con el decálogo democrático en la mano, tiene un solo camino: el adelanto de las elecciones autonómicas.
El daño que el PNV está haciendo a la sociedad vasca, a la convivencia democrática, tiene una dimensión incalculable. Los ciudadanos lo saben y, por lo tanto, la petición es cada vez más intensa. El clamor tiene cada vez más fuerza.
El sábado en San Sebastián, pueden estar seguros, estarán todos los ciudadanos de bien. Todos a una gritando ¡Basta ya!

¡Basta ya!
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