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¿Políticos o deportistas?

Las medallas son de todos y las derrotas son sólo de unos pocos. Es una vieja actitud, muy española, de apropiarse de los triunfos y endosar a los demás las derrotas. Una actitud que los políticos han actualizado, con el espectáculo que están ofreciendo, utilizando los malos resultados de Sydney. Las once medallas españolas se han convertido en el arma arrojadiza de unos y otros. Ahora todos tienen la culpa: socialistas y populares.

No vendrá mal recordar que las medallas son ganadas por los deportistas; que los políticos, en todo caso, son los encargados de diseñar la política deportiva; y que, como ya hemos sugerido, parece que muy pocos se habían dado cuenta hasta ahora de que el plan ADO tuvo una utilidad de emergencia en el año 92, pero que una iniciativa tan intervencionista era previsible que terminara donde ha terminado.

La dirección política del deporte necesita también estabilidad. Un sillón tan goloso no puede ser un lugar de recompensa o de ninguneo, como tantas veces ha pasado. Del todo a la nada, de la nada al todo. En definitiva, lo que el deporte español demanda es estabilidad en sus dirigentes, seriedad y actualización en el diseño deportivo y, por último, que los políticos no hagan uso indebido del deporte. Pedimos mucho, pero las medallas lo agradecerán.

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