Es una ley no escrita, pero funciona. Las relaciones interpersonales suelen ser recíprocas. Hay un equilibrio entre lo que se da y lo que se recibe, excepto en el caso de la limosna o del exabrupto. Es un alivio suponer que si A considera simpático a B, también sucederá que B le cae bien a A. Bien o mal, la regla áurea es la misma. Según eso, hay menos amores y odios no correspondidos de los que suponemos. Así pues, no hay misterio cuando una persona me cae mal. Lo más probable es que yo también soy desagradable para ella.

Reciprocidad

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