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Dos ausentes y un tirano

La ausencia anunciada de Alberto Fujimori y la accidental de Hugo Chávez (las inundaciones en su país le obligaron a interrumpir su gira por Centroamérica) en Panamá habrá restado cierta atracción a la reunión inaugurada hace unas horas. La del presidente de Nicaragua, el orondo Arnoldo Alemán, ni quita ni añade morbo al encuentro. Alemán está logrando algo que parecía hace años imposible: hacerlo peor que sus antecesores sandinistas, algo francamente difícil.

Fujimori no podrá recoger el testigo de manos de la presidenta panameña cuando se clausure la Cumbre, pese a que el próximo le toca año a Perú ser la sede de la reunión. Para entonces puede haberse establecido ya en el Japón de sus antepasados, país donde concluyó su extraña gira asiática y desde el que regresó a Lima sin parada y fonda en Panamá.

Al “Chino” le espera en su país una situación de aurora boreal: confusión política, caos institucional, crisis económica y social. La cita actual era la mejor ocasión para despedirse de sus colegas de tantos años. Pero prefirió ajustar con su cuñado y su hermana (embajadores peruanos en Japón) lo que todos describen como un exilio confortable en las estribaciones del volcán Fuji, su casi homónimo. Mientras Montesinos esté huido, podrá ganar el tiempo imprescindible para evitar una salida precipitada de la presidencia.

Pero con el Rasputín criollo a buen recaudo la situación será mucho más peligrosa, porque el prófugo amenazó ya con contarlo todo. Y ese “todo” significa, ni más ni menos, que ambos eran socios, para la bueno y para lo malo. Imaginar que Montesinos perpetró sus fechorías sin el conocimiento y la aquiescencia de su compadre resulta tan irracional como cándido.

Chávez habrá perdido, a causa de las lluvias, su gran oportunidad de pavonearse con la espada del Libertador en las proximidades del Canal y vender a sus pares la surrealista “revolución bolivariana” que intenta imponer a sus ciudadanos mientras, con petróleo caro o sin él, la situación política y social de Venezuela sigue degradándose a marchas forzadas.

Uno y otro, Chávez y Fujimori, han dejado el espacio escénico vacío para que el “comandante en jefe” Fidel Castro represente en solitario su comedia anual. Mientras escribo estas líneas el avión del tirano se aproxima a Panamá. Pero, oh decepción, el interés que solía despertar entre los chicos de la prensa parece haber descendido considerablemente. Alguien deberá pagar semejante desafección, y a lo peor le toca a España.

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