En Izquierda Unida hay una desunión que viene del norte. En el PCE, columna vertebral de la Unión, no se ponen de acuerdo sobre la lucha antiterrorista y el pacto del mismo nombre. Unos, Frutos entre otros, piensan que hay que unirse al pacto. Otros dicen que no. Llamazares está en una posición indefinida, más bien inclinada a no pactar. En realidad desde la renuncia a la Doctrina, el marxismo-leninismo, parece que tienen como política la doctrina fluvial de las dos orillas, en una están los malos y sus aliados y en la otra el PCE y los suyos. Llamazares es, por lo que se oye, un antipontonero.
El origen, uno de los orígenes, de la indefinición política del PC se encuentra en el País Vasco. Al parecer, una mayoría de la militancia de allí, a lo menos entre los miembros del aparato del partido, es favorable a una colaboración con el brazo político de ETA, ya que la pérdida de votantes de IU hace que ése sea el único camino para conservar algunas concejalías, que son fundamentales --dada la quiebra económica y la perdida de influencia social del PC-- para subsistir como partido en el País Vasco.
En el resto de España, la tensión entre partidarios del pacto antiterrorista y los que prefieren quedarse en la otra orilla es fuerte. Para estos últimos, ETA es una fuerza anticapitalista, revolucionaria, como creía Bergamín por citar a alguien conocido. Para éstos es fundamental ayudar a los que están luchando en la realidad contra la sociedad burguesa, y no se limitan a sólo decirlo. Esta tensión puede producir una fractura, que en el País Vasco es una amenaza real.
De firmarse el Pacto, los proETA formarían un partido aparte. Es decir, romperían el partido, o por lo menos IU, fundando uno nuevo, con el riesgo de que la "fractura" se generalizase a toda España. La parálisis del PCE muestra que las tensiones internas son muy fuertes y que la dirección, cuya expresión es Llamazares, no controla el partido.
La posible "fractura" de la columna vertebral de IU, es decir el PC, conduciría a la desaparición de IU, que está ya muy debilitada. El problema que se le plantea a la dirección del PCE no tiene fácil solución. Si no pacta, se aísla aún más de las otras fuerzas políticas y de perder parte del electorado que le queda. Si pacta, corre el riesgo de descomposición, tanto el partido como la Unión, desapareciendo como fuerza política.
Esta situación es el resultado de haber vivido políticamente, durante años, de eslóganes, de frases hechas y de discursos, que tapaban la ausencia total de análisis políticos. Un partido no puede vivir sólo de alusiones a recuerdos doctrinales. Ni de guiños indicando que eran de izquierdas. La falta de discusión doctrinal, por falta de doctrina, conduce a una estructura política vacía, a un partido invertebrado. Proclamarse los buenos y condenar a los malos no basta. Si hoy el PC no sabe lo que es, es que hacían creer que era algo, cuando a lo más era un globo lleno de ideas hueras, que eran sólo etiquetas.
Cuando se derrumbó la URSS, se inició la descomposición de los partidos comunistas. Las raíces de éstos no estaban ni en la derecha ni en la izquierda, sino en el Este.
No es un puñado de votos lo que causa las tensiones en IU y en el PC.

Por un puñado de concejalías
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