Existe un acuerdo general sobre la conveniencia de no polemizar más sobre la existencia o no del “síndrome de los Balcanes”. Esa cuestión requiere tiempo, estudios científicos y análisis pausados. Estamos de acuerdo en que hay que esperar pacientemente, escuchar a la OTAN y también a los expertos. Asentado ese principio lo que ahora nos ocupa es otra polémica.
Lo que no tiene explicación es la pasividad, la contradicción y, sobre todo –otra vez–, la falta de coordinación desde el Gobierno en una posición común y constructiva sobre esta polémica.
Lo decía Aznar en la reciente entrevista televisiva y es verdad: nadie puede imputar al Gobierno la aparición de este síndrome. De acuerdo. Pero, en cambio, sí se le puede reprochar al Ejecutivo la falta de iniciativa para calmar el nerviosismo de soldados y familiares. Y, sobre todo, se le puede llamar la atención por no transmitir desde el principio un mensaje unificado. Las vacaciones navideñas del Ejecutivo han hecho mucho daño y han paralizado la capacidad de reacción.
En cuestiones como esta hay que coger el toro por los cuernos desde el principio. Hay que dar la batalla de la información y de la claridad. Hay que ponerse de parte de los afectados, y no en el frente del oficialismo y del mensaje vacío e infantil. En esta polémica, el Gobierno, lejos de pinchar el globo desde el primer momento, ha dejado que todo se fuera inflando, sin actuar y pensando –equivocadamente– que era un culebrón pasajero.
Se han equivocado de cabo a rabo. Y esto no ha terminado. Basta con mirar y observar a los demás países europeos. Esperemos que aprendan, para otras ocasiones.

Torpeza
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