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Empezó la fiesta


Con la mayor exhibición de fuegos artificiales que jamás ha visto Washington, la capital norteamericana abrió los cuatro días de celebraciones con motivo del relevo presidencial y que ofrecen a George W. Bush una pequeña pausa en las batallas políticas y los problemas apremiantes que deberá resolver a partir del próximo lunes.

Políticamente Bush se enfrenta a la "presidencia gris" de Bill Clinton que, en un adiós totalmente inusitado al pueblo norteamericano, anunció esta madrugada que seguirá aferrado a la política cuando deje la Casa Blanca e incluso recomendó a Bush cómo debe gobernar. Clinton añadirá tensión al pulso entre Bush y los legisladores demócratas que rechazan algunos nombramientos de políticos conservadores.

Las luchas probablemente estallarán la próxima semana y podrían definir las relaciones entre Congreso y Casa Blanca en los próximos dos años.

También le espera la crisis energética que ha provocado apagones en California, el estado más rico del país y más desarrollado del mundo, mientras que el resto de Estados Unidos refleja los recortes de producción de la OPEP, especialmente inoportunos ante el frío extraordinario de este invierno. Para resolverlo hará falta una mezcla de talento económico y habilidad política, pues hay que contar con los ecologistas que han bloqueado la construcción de plantas generadoras en California durante diez años.

Todo esto llegará la próxima semana. De momento, Bush se dedica a disfrutar de los festejos que culminan este sábado cuando jure su cargo ante el presidente del Supremo y pronuncie su primer discurso presidencial que dedicará principalmente a la reconciliación y será la primera muestra de su talento conciliador y de la promesa electoral de "unir en vez de dividir".

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