Hay que reconocer que los próximos meses, con esto de la sucesión de José María Aznar, van a tener su gracia. Esto no ha hecho más que empezar. Listas, quinielas, posibilidades y combinaciones. Algunos hablan ya, incluso, de “ticket electoral” al estilo americano. Aquí vale todo. Nadie quiere estar en la parrilla de salida, ni ser candidato ni ser sucesor. Todos tienen ya colmada su carrera política. ¡Todos se contentan con hacer bien su trabajo!
En fin, nadie se mueve. Nadie se quiere equivocar. Por ahora, hay expectación, pero ésta se puede convertir, en unos meses, en miedo.
Con la presencia en Madrid del presidente valenciano, Eduardo Zaplana, se vuelve a poner encima de la mesa la cuestión de la sucesión. Zaplana ha actuado con prudencia, no quiere salirse un ápice del guión. No estamos para imprudencias. Por lo tanto, lo mejor es aparecer lo justo.
A estas alturas, es imposible desentrañar qué hay en la estrategia de José María Aznar. Pero hay que estar atentos: desde algunos círculos madrileños del PP, sugieren la posibilidad de una lista alternativa a la sucesión si la propuesta de Aznar es un poco sui generis. En esos mismos ambientes, se insiste en que la sucesión no es un juego y que, por lo tanto, no puede ser una decisión “unipersonal”. Son los mismos que apuestan por una rueda de consultas de Aznar con los líderes más importantes del partido.
Pero, bueno, por el momento todo sigue igual. Rato, Zaplana, Arenas, Rajoy y alguno más esperan. Todos en lo suyo, pero, sobre todo, sin disgustar al “jefe”; si bien los que forman parte del Gobierno no siempre lo consiguen. Digan lo que digan, la carrera por la sucesión ha comenzado.

Preparados, listos, ¡ya!
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