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Una ganga de multa

Al ex canciller alemán Helmut Kohl, además del susto, la broma de la financiación irregular de su partido, la Unión Democristiana (CDU), le habrá salido por una ganga. La módica suma de 300.000 marcos de multa, unos 25 millones de pesetas, suena a bagatela tratándose de un escándalo de fraude fiscal en torno a los dos millones de marcos y, sobre todo, sabiendo que reunir la cuantía de la multa no supone problema alguno para un hombre que mantiene excelentes relaciones con donantes potentes de la industria alemana. En julio de 2000, el ex canciller logró reunir así 8 millones de marcos para compensar el pago de los 6 millones que la CDU tuvo que abonar en concepto de multa por malversación de los fondos que la ley alemana destina a subvencionar a los partidos políticos.

La ganga lo es, además, por partida doble. El pago de la multa le eximirá también de contar con antecedentes penales, aunque, teóricamente, ya no podrá ampararse en el derecho al secreto profesional sobre la identidad de los donantes. En la práctica, lo cierto es que, para seguir callando, puede alegar la inmunidad parlamentaria que le concede su calidad de diputado en el Bundestag.

Realmente, resulta patético que el único político jerárquicamente superior al ministro de Economía y Finanzas de un país como Alemania, que pretende ser el polo opuesto a cualquier república bananera, haya tenido que responder ante la Justicia por fraude fiscal.

A pesar de que Kohl asegura no haberse enriquecido personalmente con las donaciones, ya que el dinero se invirtió en promocionar al partido, lo cierto es que con él se financió la campaña electoral en la que Kohl resultó reelegido. Los observadores más críticos consideran que Kohl se benefició indirectamente del dinero al asegurarse un nuevo mandato de 4 años y así, el correspondiente sueldo de canciller.

Ahora, el porqué del silencio de Kohl respecto a los donantes seguirá oculto. Probablemente no se llegue a saber nunca con seguridad, aunque se relaciona a Siemens, la empresa muniquesa.

Con su actuación, Kohl ha antepuesto su palabra de honor a la legislación alemana ante la que el ex canciller prestó juramento varias veces. Los méritos que Kohl logró durante el proceso de la reunificación alemana no podrán compensar los daños inmateriales que ha causado con la financiación irregular de la CDU y que, sin ninguna duda, superan el valor material de dos millones de marcos.

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