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Zarzalejos

Dibujar un perfil de Javier Zarzalejos, candidato indiscutible para la cartera de Interior, es un encargo atractivo pero, al mismo tiempo, complicado. Es intentar construir un rompecabezas de alguien que tiene una evidente dimensión pública, pero que siempre ha trabajado en segundo plano. Callado, discreto hasta el extremo, es el “fontanero” perfecto. Javier Zarzalejos siempre pasa desapercibido, pero al mismo tiempo está en todos los fregados.

Vasco en el actuar y en el hablar, situado ya en la cuarentena, ha sintonizado con las ideas del PP desde hace años, aunque en el pasado presentaban siglas diferentes. Estudió en Deusto y trabajó con Mayor Oreja cuando este fue delegado del Gobierno en el País Vasco.

Años después, ya funcionario, estuvo muchos años en Moncloa, en la época del PSOE. Trabajaba en el Ministerio del Portavoz; estuvo a las órdenes de Rosa Conde, fue jefe del gabinete de Miguel Gil y consejero de prensa de la Embajada española en Londres cuando Pérez Rubalcaba era portavoz del Gobierno. Fue entonces cuando los dos entablaron una buena relación.

Zarzalejos no es diplomático de carrera, aunque esto se haya escrito de él muchas veces. Es técnico de la Administración del Estado.

Cuando el PP gana las elecciones en el 96, Jaime Mayor Oreja le ofrece la Secretaría de Estado para la Seguridad, antes que a Martí Fluxa. Zarzalejos rechaza la oferta, aunque de forma automática el propio presidente Aznar le ofrece la Secretaría General de la Presidencia, uno de los cargos de mayor confianza. Entonces sí que lo acepta.

“Zarza”, como se le conoce cariñosamente en Moncloa, se convierte en uno de los consejeros más cercanos del presidente. Le acompaña a todos los viajes internacionales. Cuando, en septiembre de 98, Eta declara la tregua, Aznar está en Lima. Zarzalejos prepara la intervención del presidente. Poco después, es nombrado in pectore el encargado de gestionar en la sombra esa tregua.

Zarzalejos, que ha vivido en Londres una situación parecida con la tregua del IRA, incorpora una visión british al desarrollo de ese momento que choca con otra visión más “vasca” de Mayor Oreja. A pesar de las diferencias, Zarzalejos mantiene una influencia clara sobre Aznar; prepara discursos, elabora intervenciones, convoca reuniones con distintos sectores de la sociedad vasca. Cada vez que Aznar visita el País Vasco –y lo hace en numerosas ocasiones– siempre tiene un acompañante: Javier Zarzalejos. Él lleva el peso de las conversaciones con la banda en Suiza.

Tras el final de esa tregua y el inicio desaforado de una etapa de atentados, pasa a un segundo plano. Pero Aznar siempre pide su opinión, “Zarza” nunca deja de ser escuchado.

Javier Zarzalejos ha confirmado su influencia en Moncloa, siendo el muñidor por parte del Gobierno en el “pacto antiterrorista”, una ocasión que le ha servido para ponerse –por primera vez– delante de unos micrófonos. Un gesto que siempre sugiere cual puede ser el fututo.

En fin, Zarzalejos llega a este punto bien situado para ocupar la cartera de Interior. Conoce la situación y es el “ideólogo” del presidente en toda la cuestión vasca. Pero, sobre todo, tiene en su haber lo más importante: la confianza de Aznar.

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