Una y otra vez los socialistas tropiezan en la misma piedra. El PSOE se empeña en demostrar a todos que no termina de arrancar. Lo sucedido en los parlamentos catalán y vasco nos enseña, de nuevo, que la ausencia de criterio unificado en las filas socialistas es absoluta.
En esta ocasión ha sido la Ley de Extranjería, pero no estamos hablando de nada nuevo. Basta con remitirse al Plan Hidrológico Nacional para encontrar otro punto de disfunción interna. El nuevo equipo socialista ha perdido definitivamente la frescura inicial. Han bastado solo unos pocos meses para sacar a la luz sus carencias, que son unas cuantas. Pero sobre todo destaca una, la falta de autoridad. Una ausencia que se traduce en algo de mezquindad, bastante de contradicción y mucho de desorientación.
Hablar de autoridad en el PSOE es hablar de Rodríguez Zapatero. El líder socialista está empeñado en vender una imagen de moderación, una actitud abierta y un estilo de diálogo. Como principios de actuación son correctos; pero no son suficientes. Esto de la política no es simplemente un diseño artificial, hace falta también interiorizar un discurso permanente y similar para todos. El líder como tal tiene que saber hacer valer su autoridad, y de eso está todavía muy lejos. Zapatero no manda en el PSOE. No ha sabido aglutinar intereses, le ha faltado una buena ayuda para dosificar tiranteces y no ha sabido articular un discurso nacional, de un partido con vocación de gobierno y que quiere volver a La Moncloa.
Por el momento, Zapatero se ha dejado llevar por las aguas de los provincianismos y también de aquellos que quieren hacer brillar su propia estrella. Hacer oposición no es sólo aprovechar los errores del Gobierno. Hacer oposición es unificar de puertas adentro y ofrecer una imagen clara y nítida. Por lo visto, el PSOE está lleno de tribus y de intereses. Habrá que empezar a pensar que es algo congénito.

Contradicción congénita
En Portada
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida
- Reloj Durcal