Votar en el Congreso de los Diputados es algo muy sencillo, una realidad al alcance de todos. No es muy complicado entender que consiste en pulsar un botón u otro según las directrices que cada grupo parlamentario haya dado a sus diputados. Así, de esta forma, se puede votar. Es fácil: hay un botón para el sí, otro para el no, un tercero para la abstención e, incluso, hay una cuarta opción: no pulsar ningún botón, lo que se traduce como voto en blanco.
Pues bien, disponiendo de un mecanismo tan sencillo –que requiere simplemente de un mínimo de organización–, por lo que se ha podido ver, la mayoría absoluta no es suficiente. Y es que también hay que organizarse. No es muy explicable que un Gobierno con mayoría absoluta pierda una votación por una equivocación, aunque luego se utilice la excusa de que la algarabía socialista haya impedido votar correctamente. Sinceramente, no parece un argumento de recibo.
Quizá lo que ha ocurrido este jueves en el Congreso de los Diputados obedece también a otras cuestiones más cercanas a la pérdida de presión política y a la falta de organización interna que a los ruidos y juegos de los bancos socialistas.
Es cierto que a la hora de la verdad aquí no pasa nada. El Gobierno presenta de nuevo la iniciativa en el registro del Congreso y vuelta a empezar. Pero no estaría mal que la Secretaría de Estado de Relaciones con las Cortes y la Portavocía del Grupo Popular tome nota y eviten, a partir de ahora, bochornos como este. No es de recibo que un Gobierno con mayoría absoluta pierda sin motivos creíbles votaciones en el Parlamento.
Al final, todo se resume en orden y concierto. También en un poco más de intensidad. Y eso que solamente llevamos un año de mayoría absoluta. No se puede olvidar que disponer de holgura parlamentaria también tiene sus peligros. Entre estos últimos se encuentra el despiste aderezado con la rutina.

Los peligros de la mayoría absoluta
En Portada
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida
- Reloj Durcal