A pesar de las promesas de "mantener el rumbo" en los Balcanes, el nuevo gobierno norteamericano hará lo posible por reducir su presencia militar y su primer paso es el retorno anunciado de mil soldados desplegados en Bosnia. George Bush parece adoptar los planteamientos de su padre: Yugoslavia es un problema intratable, consecuencia de las alcaldadas de los tratados de Berlín y Versalles primero y de la precipitación alemana y francesa después. La responsabilidad, dice, corresponde a los gobiernos europeos.
Jim Baker, el penúltimo secretario de Estado de George Bush-padre, indicó claramente que fue la insistencia francesa y alemana en desmembrar Yugoslavia lo que encendió el polvorín de la limpieza étnica. Su sucesor, Lawrence Eagleburger, un hombre con experiencia personal en Yugoslavia donde había sido embajador, se negó repetidamente a cualquier intervención por considerarla inútil.
El equipo del actual presidente tiene al frente a miembros de la administración del primer Bush: Condolezza Rice, que trabajaba en la asesoría de seguridad, dirige hoy el departamento, mientras que el secretario de estado Colin Powell era otrora jefe de Estado Mayor. Ambos aprendieron a mirar el mundo con los ojos de Baker, Eagleburger y papá-Bush.
Pero con 9000 soldados norteamericanos en los Balcanes, no pueden hoy volver a la situación de hace diez años y cualquier retirada ha de ser gradual, especialmente para no irritar a sus aliados europeos. Por otra parte, las nuevas tensiones en Macedonia tocan un nervio aquí, pues Washington no acepta la creación de un nuevo estado étnico como sería la Gran Albania y está dispuesto a esforzarse para impedirlo, como demuestra la solidez de las construcciones para albergar a las fuerzas de paz en Kosovo, en contraste con los barracones para los soldados desplegados en Bosnia.

De Bush a Bush en los Balcanes
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