Ser candidato del PP y del PSOE en el País Vasco lleva incorporado un plus de valentía. Presentarse a las elecciones por cualquiera de dichos partidos es vivir inmerso en la heroicidad. No se trata de realizar aquí un largo discurso de evidencias diarias. Se trata de reconocer públicamente el ambiente de tensión y amenazas, tanto físicas como psíquicas, en el que viven miles de militantes de estas formaciones. En este ambiente, en ocasiones irresistible, también están inmersas sus familias. Todo esto se hace especialmente grave y difícil para los candidatos que aparecen en las distintas listas electorales.
La situación es tan macabra que incluir un nombre en una lista electoral es convertir a esa persona en un objetivo potencial de los terroristas etarras. Una realidad que nos señala el ambiente inhumano que vive el País Vasco gracias a los pistoleros etarras y a sus cómplices. Y, también, a causa de la triste gestión del Gobierno de Ibarretxe en lo que ya se conoce como el “bienio negro” del País Vasco.
Con el anuncio este fin de semana de las listas electorales de los grandes partidos nacionales, toda esta realidad diaria de muchos vascos se pone encima de la mesa.
Todos estos candidatos son ejemplo de valentía. Ese valor debería mover a muchos vascos en unas elecciones en las que no se va a votar ideología; se va a votar estabilidad o miedo, democracia o terror. Paz o terror. No es una exageración, ni sacar las cosas de quicio. Lo ocurrido estos últimos días en Lasarte es un ejemplo más de la importancia de la voz de los ciudadanos de a pie. La movilización social es lo que puede cambiar el País Vasco. Es el camino para aglutinar sentimientos y rectificar el rumbo de los vascos. Si quieren, pueden. Y los candidatos son una buena referencia. Su valor es el de todos. Su ejemplo es para todos.

El valor de los candidatos
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