Escuchar para creer. La última amenaza de Xabier Arzalluz es el último exponente del esperpento nacionalista que se vive en el País Vasco. Ahora resulta que el PNV amenaza con retirarse de las elecciones en caso de que EH sea ilegalizada. Sabíamos dónde estaba cada uno; pero, ya no hay motivos para dudar, si es que a alguien le quedaba oalguno. La cercanía estratégica de las dos formaciones políticas es una evidencia difícil de negar.
Pero, además, ¿qué es esto de la amenaza permanente?, ¿qué motivos pueden existir para vivir bajo el chantaje?, ¿qué sentido tiene situar la política en el terreno exclusivo de la confrontación?
Estas preguntas tienen una única respuesta: asistimos a una actitud de supervivencia de los actuales dirigentes nacionalistas. Arzalluz mantiene la estrategia política que ha puesto en práctica en los últimos años y que le ha situado al borde del precipicio, incluso en su propio partido. Es la estrategia de la provocación, del miedo, de la revancha. Es una forma de entender la política con ribetes muy lejanos al juego democrático. Es un no querer entender el componente necesario y saludable de la alternancia en el poder.
El Gobierno, la mayoría parlamentaría no es propiedad de ningún partido; es propiedad de los ciudadanos, que son los que dan o quitan esa posibilidad. El nacionalismo vasco, con sus dirigentes al frente, ha perdido la visión constructiva y positiva de la política. Todo pasa por ellos, y si alguien se sale un ápice del guión que ellos han escrito y elaborado, el peligro y las tinieblas se abalanzan sobre el País Vasco.
Pero el fondo de la cuestión es que Arzalluz sabe que el día en que reconozca que se ha equivocado tendrá que dejar su cargo. Ha ido tan lejos en sus planteamientos que ya no hay marcha atrás. El momento en que asuma los errores, será el momento señalado para el adiós. Y por lo que parece, no está dispuesto a despedirse de la política activa.

La política de la amenaza
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