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¡Ay pena, penita, pena!

Javier Madrazo ha estado en Madrid. Ha venido a la capital de España a “vender” su mensaje electoral. Y después de dos horas de conversación con él, entre café y café, la impresión final es sencillamente de asombro. Asombro por la contradicción permanente y por la ausencia total de un discurso mínimamente articulado. Sinceramente, después de escuchar a este señor, la confusión es absoluta. ¡Vaya cacao!

Madrazo habla de gobierno de concentración, de “gobierno mestizo”, que rompa el frentismo entre nacionalistas y no nacionalistas, un gobierno que no sea excluyente. Pero eso sí, él excluye –por principio– al PP. Habla de diálogo con todos y añade sin rubor que el PP es el partido heredero de los mismos que fusilaban a los militantes de izquierda en la época franquista. Habla del respeto a la voluntad de los vascos y explica que, desde su formación política, se van a encargar de liquidar, sin concesiones, un posible pacto PP-PSE el día después de las elecciones.

Habla de un gobierno de progreso, e insiste que, para que ese progreso sea realidad, se tiene que contar con el PNV: un partido que puede tener muchas etiquetas pero, desde luego, no se le puede catalogar de progresista.

Ha estado Madrazo en Madrid y la conclusión es muy clara: ¡este señor es un peligro! ¡un peligro publico! Pensar en que, gracias a las maniobras porcentuales de los nacionalistas, el líder de IU en el País Vasco puede obtener algún escaño provoca escalofríos.

Ya va siendo hora de que Gaspar Llamazares caiga en la cuenta de que la acción política y los mensajes de Javier Madrazo son muy dañinos para su coalición. Si no controlan de alguna manera todos estos desaguisados están firmando la liquidación de IU en toda España.

Madrazo ha estado en Madrid intentando “vender” una imagen de equidistancia y lo que ha conseguido es dejar una triste impresión de incoherencia y contradicción. Un mensaje muy lejano a las verdaderas preocupaciones de los vascos.

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