Menú

Dura, agria y arisca

La campaña electoral del País Vasco ha sido, sin duda, la campaña más dura de la democracia reciente de España. Una campaña intensa, larga y arisca. Se ha dicho todo lo que se podía decir. Están encima de la mesa todas las cartas de la baraja: unas boca arriba, otras boca abajo. Cada formación política, cada coalición electoral se ha empleado a fondo desde hace semanas. El enfrentamiento político ha sido agrio, en ocasiones virulento. Lo dicho, esta campaña electoral ha tenido todos los condimentos de las situaciones extremas.

Por un lado, el PNV y EA, el nacionalismo vasco herido por Estella, ha intentado lavar una cara política manchada por el apoyo legislativo de EH. Los mensajes de sus líderes han estado marcados por las contradicciones y por el intento de tapar con un tupido velo la inexistente labor del Gobierno vasco estos dos últimos años. Juan José Ibarretxe ha insistido en el papel de moderado en las formas, pero intransigente en el fondo. Hablar de diálogo, pero no ceder. Una combinación difícil de digerir.

Por su parte, el PSOE ha sido un ejemplo claro de lo que ocurre en su interior. Ideas cruzadas y confusas. Esta ha sido, precisamente, la imagen socialista: la confusión, azuzada por Rodríguez Zapatero y Felipe González. El PSOE sabía cuál era su guión y su papel, pero no ha tenido valor para interpretarlo al extremo. El único que se ha salvado de la quema ha sido Nicolás Redondo Terreros, un candidato a la altura de las circunstancias y que ha sido torpedeado más de una vez por las envidias de Ferraz.

¿Qué decir del PP? Pues que ha echado el resto. Jaime Mayor Oreja ha realizado una campaña bien diseñada y con contenidos medidos. El candidato popular ha mantenido un buen tono electoral durante toda la campaña, con un visible y efectivo apoyo de José María Aznar. El PP ha controlado bien su terreno electoral. Sólo desde Madrid se han cometido algunos errores. En ocasiones, de principiantes: el CIS, el excesivo protagonismo de algunos líderes de Génova o las polémicas sobre los informativos de TVE.

Y en esto, apareció ETA. La banda terrorista, como siempre, puso su granito de arena compuesto de cobardía, mezquindad y barbarie. Esta campaña electoral tendrá siempre el recuerdo de Manuel Giménez Abad, asesinado por unos bestias que no saben ni de democracia ni de convivencia.

La caravana electoral ha llegado, pues, a su final. El domingo será la hora de la verdad. La campaña ha dado todo de sí. Sobre los resultados, sólo los vascos tienen la palabra. No serán unos resultados más.

En Portada

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj Durcal