La literatura mueve emociones y sentimiento, penetra en la oscuridad para esclarecer y devolver al menos una idea imperecedera. Tal vez porque, como señala Kundera, la novela explica lo que de otra manera no podríamos conocer, la existencia. Herman Melville, en
Bartleby el escribiente
, suscita una inquietud, anuncia un secreto. " Preferiría no hacerlo" es la formula que utiliza un escribiente cuando el abogado para el que trabaja le solicita su colaboración. Este es el desencadenante de la acción y de la incertidumbre. La primera vez que pronuncia la formula es cuando se le pide que coteje su trabajo con los otros dos empleados. Y nos sorprende tanto la actitud de Bartleby como del abogado incapaz de enfrentarse a la nada, a la no acción propuesta.
Estos tres ensayos se acercan al texto cada uno desde un interrogante, desde una lectura diferente. Deleuze a través de la formula del preferiría no hacerlo," la formula es desoladora, devastadora" (especialmente por la incapacidad del abogado a reaccionar ante ella) reflexiona sobre las relaciones del escribiente y el abogado y se pregunta: "¿Hay una relación de identificación entre el abogado y Bartleby?... en qué sentido progresa." Así el texto hablaría de las relaciones entre hermanos y de la figura del padre, dice que para Merville el padre es un hijo abandonado, un huérfano, en tanto que el hijo no es tal hijo o es un hijo de cualquiera, es un hermano. Como dice Durand "Ha llegado la hora de la fraternidad todos somos hermanos."
Para Giargio Agamben, "Como escriba que ha dejado de escribir (Bartleby) es la figura de la nada de la que procede toda creación", sería, Bartleby, la pura posibilidad. Para acercarse a este personaje –de repente extrañamente parado– lo hace mediante una aproximación histórica, recuerda a Aristóteles como escriba de la naturaleza y indaga sobre la letra y el acto la escritura, recorre el movimiento que va de la letra a palabra, desde la tinta hacia el papel. Una propuesta sobre el decir y el silencio.
José Luis Pardo enfrenta a Bartleby la misma actividad literaria y reflexiona sobre la literatura y su función. El escribiente se limitaría a repetir, a copiar sin espíritu, recuerda que para Platón la escritura no es mas que letra muerta, "escritura totalmente deshabitada de verdad", y concluye que " mucho más que "un nuevo Cristo" (Deleuze) o un Mesías (Agamben), Bartleby se me aparece como un apóstol, pues son los apóstoles y no Cristo quienes tienen como misión la escritura de la palabra al pie de la letra".
Al final del relato el abogado escucha un rumor acerca del escribiente. Había trabajado destruyendo "cartas muertas", es decir, cartas que nunca llegaron a su destino. Esperadas o no, los emisores habían puesto en ellas sus palabras, sus esperanzas y se interrumpió así el acto de comunicación perdiendo su sentido. Apunta a una interpretación posible, Bartleby iría así destruyendo para sí toda posibilidad de esperanza, pero no es una certeza, es solo un rumor. Por lo tanto el texto permanece inquietante a la espera de ser leído, de no ser una carta muerta, para ver desvelado su sentido. Este ensayo resulta interesante tanto por recoger la novela como por los comentarios y propuestas de lectura que enriquecen la comprensión de una novela que nunca deja indiferente. Como dice el abogado: "¡Ay, Bartleby! ¡Ay, humanidad!".
Herman Meville, Preferiría no hacerlo, Bartleby el escribiente, seguido de tres ensayos sobre Bartleby de Gilles Deleuze, Giorgio Agamben y José Luis Pardo Editorial Pre-Textos.
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