Llenazo en la Monumental de Las Ventas el jueves 17. Se lidiaron 6 toros de Mari Carmen Camacho, bien presentados, nobles pero descastados y sin transmisión en la muleta.
José Ortega Cano, de nazareno y oro: Estocada (silencio). En el cuarto, dos pinchazos, estocada y descabello (algunos pitos).
Finito de Córdoba, de azul marino y oro. Tres pinchazos y estocada (silencio). En el quinto, estocada (silencio).
Javier Castaño, barquillo y oro. Estocada desprendida (silencio). En el sexto estocada (palmas de despedida).
Sonaron clarines y timbales y rompió el paseíllo en la tarde de la vuelta a Las Ventas de Ortega Cano. La disposición que mostró en Sevilla el de Cartagena hizo que muchos aficionados llegaran a la plaza con ganas de verle triunfar en su nueva etapa. No pudo ser. Confirmó alternativa Javier Castaño. Ojo a este torero que si no se tuerce por esos vericuetos de la vida llegará a figurón. Seguro.
Muy decidido se mostró Ortega Cano en los lances de recibo al segundo de la tarde. Pareció que aquello iba en serio cuando brindó al público después de un ceñido quite por chicuelinas. Poco nos duraron las esperanzas. Con la muleta en la mano, Ortega no estuvo a gusto. En el inicio de la faena, el de Mari Carmen Camacho, que no se comía a nadie, se coló por el pitón derecho y el diestro se desconfió. Ahí se acabó todo. El torero luchando contra sí mismo por quedarse quieto y el público sin respetar. Lo mejor, la estocada.
En el cuarto, voltereta y susto mayúsculo. El de Mari Carmen Camacho había avisado desde que lo paró Pepe Castilla, buen banderillero, que por el pitón derecho quería coger. Ortega Cano quiso cambiar el rumbo de la tarde e intentó torearle por ese lado. Afortunadamente el morlaco sólo rompió la taleguilla y no llegó a calarle. Un torero que lo ha sido todo en esta plaza debería ser consciente de sus limitaciones y ahorrarse el mal trago de venir a Madrid a que le falten el respeto.
Finito no demostró el buen momento que se le suponía. El tercero, que embestía con buen son por la derecha, tuvo como sus hermanos el defecto del cabeceo. Sólo un buen comienzo de faena y algún muletazo suelto de buen trazo. A la primera complicación, Finito se fue a por la espada. Aliviándose como lo hacía, no extraña que pinchara cuatro veces antes de enterrar la espada en el morrillo del burel.
En el quinto, más de lo mismo. El toro mostró nobleza, pero no se empleó, y Finito le sacó algún muletazo de buen trazo. Al menos en esta ocasión, agarró una buena estocada arriba.
El toro de la ceremonia blandeó durante el primer tercio. En la muleta tenía nobleza y largura, pero no permitía el lucimiento por los dichosos cabezazos. Castaño demostró temple y ganas con el de Mari Carmen Camacho, pero la poca transmisión del toro provocó que aquello no calara en los tendidos. En el sexto sólo pudo el salmantino recurrir al arrimón. El toro no daba para más. Se apagó en la muleta y tardaba en arrancarse al engaño. Castaño pisó terrenos comprometidos y aguantó todos los parones sin moverse. Bien con los aceros, causó buena impresión en Las Ventas.

Tarde de decepción
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