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Nadie en la plaza quiso aplaudir

Lleno en la Monumental de Las Ventas en este lunes 28. Se lidiaron 6 toros de El Ventorrillo, bien presentados, desiguales de juego. Destacaron primero y segundo. Peligrosos cuarto y sexto.

Jesulín de Ubrique, de verde botella y oro. Estocada caída (división de opiniones). En el cuarto, media estocada y tres descabellos (pitos).
Finito de Córdoba, de tabaco y oro. Media estocada tendida y dos descabellos (silencio). En el quinto, estocada y un descabello (silencio).
M. Díaz “El Cordobés”, de rosa y oro. Media estocada y un descabello (silencio). En el sexto, media estocada y tres descabellos (silencio).

Estaba el ambiente raro, nada de lo que habían hecho los toreros había gustado al público. Estaba la tarde en torno al desastre y llegó en el último toro. El banderillero Juan de los Reyes resultó cogido de forma escalofriante. Todos fueron raudos al quite, pero ya llevaba el banderillero la cornada. El Cordobés abrevió con el morlaco, que había mostrado peligro. Un cierre demasiado amargo para una tarde en la que la plaza se olvidó de aplaudir.

Más extravertido que sus compañeros de terna, El Cordobés inició un diálogo con los tendidos en el tercero. –¡Crúzate!, que estas fuera de cacho…– le dijo alguien. –Espera, hombre, que ya voy– contestó. Dos pasos del torero hacia el pitón contrario del burel y la gente empezó a pitar. Bien es cierto que Manuel Díaz no es Curro Romero pegando muletazos, pero señores, hay que saber valorar y respetar a un hombre que se está jugando la vida.

Un gran cambio ha experimentado Jesulín de Ubrique en esta nueva etapa en los ruedos. El torero gaditano intenta realizar el toreo clásico cuando sale algún animal que se lo permite, el problema que encuentra es que tiene muchos prejuicios que remontar. El primero de la tarde repitió con nobleza en la muleta, aunque le faltó un punto de emoción. El de Ubrique hizo una labor muy técnica con el burel, derrochando temple con ambas manos, sin embargo sus muletazos no calaron en los tendidos. Estaba la gente más pendiente de reprochar al torero actuaciones pasadas que de valorar las virtudes de su faena, que las tuvo. Cayó la estocada abajo y arreciaron los silbidos sobre el torero y sobre los que pretendían aplaudir tímidamente. El más absoluto desconocimiento de la fiesta demostró el público venteño en el cuarto. El de el Ventorrillo era un auténtico marrajo, manso con peligro. Jesulín estuvo valiente con el morlaco e intentó torearle por ambos pitones. No le dejaron estar durante su porfía e incomprensiblemente se tributó una ovación al bovino en el arrastre.

Tampoco quiso aplaudir nadie a Finito de Córdoba. El segundo de el Ventorrillo iba con la cabeza alta pero también con nobleza por los dos pitones. El diestro de Córdoba sacó alguna serie notable al principio de la faena, pero se fue diluyendo ante la falta de calor del respetable. El quinto, también noble y bravo, tuvo el gran problema de la falta de fuerzas. Sólo algunos muletazos de buen trazo que, ante las pocas facultades del burel, no tuvieron la transmisión necesaria para romper el hielo que –a pesar de los 40 grados de temperatura– había en los tendidos. Bien con la espada, acabó con un estoconazo con el animal.

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