Lleno en la Monumental de Las Ventas para presenciar la tradicional Corrida de la Prensa. Se lidiaron 6 toros de distintas ganaderías, todos bien presentados, lidiados en el siguiente orden: Araúz de Robles (manso y blando), Alcurrucén (noble, pero blando), Zalduendo (noble, pero blando), Campos Peña (noblote), Victorino Martín (soso y con peligro) y Jandilla (bravo y noble).
Miguel Espinosa “Armillita”, de negro y oro. Pinchazo, pinchazo hondo y cinco descabellos (silencio). En el cuarto, seis pinchazos y estocada (pitos).
Julián López “El Juli”, de azul añil y oro. Media estocada (oreja y vuelta al ruedo). En el quinto, estoconazo (saludos desde el tercio).
Javier Castaño, de grana y oro. Tres pinchazos, otro hondo y cinco descabellos (silencio). En el sexto, estocada desprendida (saludos desde el tercio).
Tradicional festejo de la Asociación de la Prensa en Madrid. Cartel de lujo para la ocasión el formado por Armillita, buen torero el mexicano; el prodigioso Juli, que llegó a la plaza a defender su prestigio y Javier Castaño, el triunfador de la pasada feria. Muchas caras conocidas y personas ilustres le daban importacia al festejo, comenzando por el primero de los españoles, Su Majestad El Rey, al que los tres toreros brindaron su primera actuación.
El ceñidísimo quite que hizo El Juli al alcurrucén que hizo segundo fue toda una declaración de intenciones. El prodigio vino a la plaza –a la que no debe nada, porque llegó siendo figura ya– a demostrar la importancia que tiene en esto del toreo. Banderilleó forzando el riesgo en los embroques. Y con la muleta exprimió al máximo las embestidas del noble pero algo parado burel. Comenzó por estatuarios, sin arredrarse cuando el toro le pasaba rozando la taleguilla. Luego, ya en los medios, templó en dos series con la diestra y llevó largo al bovino hasta rematar los muletazos detrás de la cadera. Al natural atornilló las zapatillas al suelo y consiguó una serie honda. Lástima que para la segunda ya estuviera el toro parado. Pasó El Juli a las cercanías y aún consiguió algún muletazo que levantó los olés de los tendidos. Mató de media estocada suficiente para que el toro doblara y para la justa oreja. Muy lucido toreó con el capote El Juli, tanto al recibir como al llevar al caballo al victorino. Después no tuvo opción de hacer faena. El toro que todos esperaban en la tarde salió muy blando de remos y queriendo coger con los dos pitones. El diestro estuvo muy seguro con él y le sentó de un mágnífico volapié que le valió para saludar desde el tercio.
Realmente deslucido fue el burel de Araúz de Robles que saltó a la arena en primer lugar. Además de manso con mucho peligro –haciendo cosas de toro corraleado– no andaba sobrado de fuerzas y el público lo protestó con fuerza. Salió Armillita con la muleta consiciente de que era imposible hacer nada positivo con semejante material. También hay que tener en cuenta que el azteca es un torero de corte artista y que en su tarde de despedida de las Ventas nada ganaba con fajarse con el marrajo. Destacó el Boni en el cuarto por su magnífica brega, así se lidia, torero. Armillita quiso despedirse del público de Madrid y le brindó la muerte de este ejemplar de Campos Peña. Luego, con la muleta en la mano, el mexicano no se confió ni quiso hacerlo, aunque el toro no había mostrado excesivas complicaciones. Se complicó la vida con el acero y pinchó seis veces antes de acabar con el burel.
El zalduendo que hizo tercero creó mucha expectación de salida, pero se fue diluyendo. El burel tenía calidad pero le faltó un punto de fuerza que hubiera evitado que diera continuos tornillazos a la muleta de Javier Castaño. El leonés instrumentó una faena larga en la que intentó sacar al toro lo bueno que tenía, pero sólo consiguió acoplamiento en una serie por la diestra y en algún natural aislado. El jandilla que cerró plaza tenía calidad a raudales, lástima de ese pelín más de fuerza. Después de brindarle el toro a El Juli, el diestro leonés tardó en acoplarse a la noble condición del burel. Cuando lo hizo, al toro sólo le quedaban dos series por cada pitón, eso sí de toreo largo, hondo, templado a cámara lenta. ¡Ay! Javier Castaño, si te hubieras acoplado antes. Mató de estocada desprendida y el público le hizo salir al tercio para recoger la ovación.

Oreja de ley para El Juli
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