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Normalizar el Ejercito

Ocurre todos los años. Cada año de forma previsible tropezamos en la misma piedra. Nunca arreglamos algo que forma parte de la transición y que se ha quedado arrinconado. Es una de las parcelas cerradas que queda por modernizar en esta sociedad española. Modernizar en las dos direcciones: Ejercito y sociedad.

Me explico. El Ejercito en España ha estado unido de forma histórica, primero, al franquismo y luego, al golpismo. Dos etiquetas que el propio Ejercito poco a poco se ha encargado de aparcar. Dos viejas etiquetas que han creado en la sociedad española un recelo permanente que todavía aflora en nuestros días. Decir Ejercito, para muchos, es todavía recordar viejos tiempos unidos a lo retrógrado y cuasidictatorial. Todo esto es con lo que hay que terminar. En el fondo y en la forma. Cualquier democracia moderna tiene un Ejercito en perfecto estado de revista. Y ese Ejercito está reconocido por la sociedad. En el Reino Unido, en Francia o en Alemania no existe la etiqueta de que el Ejercito es una institución de derechas. Esa mentalidad moderna es la que todavía no tiene arraigo en España. Es verdad que la profesionalización es un primer paso imprescindible. Porque entre otras cosas se va a terminar con el complejo de imposición. El Ejercito dejará de ser algo impuesto desde arriba.

Ahora sólo falta que los políticos y los ministros de Defensa de turno estén a la altura de las circunstancias. El Ejercito es una institución seria y profesional, de todos los españoles. No es una feria, ni un divertimento. Tampoco hay que esconderlo como si fuera una vergüenza nacional. Es bueno que tenga su día anual, y que ese día esté reconocido por todos, pero tampoco se pueden pedir ahora clamores populares a la vieja usanza.

En definitiva, hay que normalizar el Ejercito y su estatus. Hay que normalizar también la relación de la sociedad con su Ejercito. Hay que hacer las cosas con naturalidad. Pero, sobre todo, sin complejos. No hay que olvidarse que tenemos un Ejercito integrado en la OTAN y que nada tiene que envidiar a los demás socios de la Alianza Atlántica. Cada uno en su sitio. Pero todos con su sitio.

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