Lleno en la Monumental de Las Ventas en este lunes 4. Se lidiaron seis toros de Monteviejo, muy bien presentados, mansos con genio y con mucho peligro.
J. P. Prados “El Fundi”, de berenjena y oro. Estocada (silencio). En el cuarto, estocada (silencio).
José Ignacio Ramos, de barquillo y oro. Pinchazo, otro hondo y seis descabellos (silencio). En el quinto, un pinchazo y estocada (saludos desde el tercio).
Juan José Padilla, de rosa palo. Estocada arriba (silencio). En el sexto, estocada arriba después de meteysaca (fue despedido con pitos).
Arrancaba la semana torista y había mucha expectación entre los aficionados para ver a los “patas blancas”. Toros legendarios rescatados del olvido por el sabio-paleto de Galapagar, Victorino Martín, que bajo el nombre de Monteviejo conseguirá ponerlos de moda. Eso sí, después de lo visto en la tarde de hoy, mucho tendrá que cambiar el comportamiento de esos animales para que surjan otros tres valientes dispuestos a torearlos.
El primero de la tarde salió colándose por el derecho al capote que le presentaba El Fundi. No dobló las manos después de dos largos puyazos y el torero invitó a sus compañeros a poner banderillas; resolvieron todos con brillantez. Llegó el burel muy áspero a la muleta y a pesar de la voluntad del matador, no pudo templar la rebrincada embestida por la izquierda. Por la derecha el toro mejoró su condición pero tampoco daba para el toreo largo. Atacó derecho con la espada y cobró una estocada que rodó patas arriba al animal. Peor suerte que con el anterior tuvo El Fundi con el cuarto. El morlaco desarrolló mucho sentido y buscaba los alamares por los dos pitones. El diestro se arrimó como un tío y aguantó las coladas del cornúpeta con la franela. Muy seguro con los aceros consiguió otra buena estocada.
Se estiró a la verónica José Ignacio Ramos al recibir al manso segundo. Compartió las banderillas con sus compañeros y nos cortó la respiración un apretadísimo par de El Fundi. El monteviejo era un auténtico marrajo en la muleta, con genio y queriendo coger por ambos lados. José Ignacio Ramós quiso justificarse ante el público de Las Ventas y porfió con ambas manos, pero ahí no había nada que hacer. En el quinto –otro marrajo– el torero burgalés hizo una exhibición de facultades y se lució en tres pares de banderillas muy comprometidos. Con la franela no se arrugó frente a la infinita mansedumbre del bovino y se jugó la barriga antes de ponerse a dar machetazos, la lidia que desde el principio pidió el morlaco. Enterró la espada al segundo intento y el público agradeció su entrega con una ovación en el tercio.
Otra vez brilló la terna con los rehiletes en el tercero, el más blando y, hasta cierto punto, noble del encierro. Y decimos hasta cierto punto porque, si bien apuntó cierta largura en la muleta, había que engancharle adelante y tragarle lo suyo. No le pareció así –y estuvo más cerca– a Padilla y no terminó de echarle la muleta al hocico ni de plantar los pies. Sí lo vio claro con el acero y recetó un estoconazo que sentó al monteviejo. El sexto salió tan manso y violento como sus hermanos. Padilla, que vuelve a esta misma plaza dentro de dos días, no se complicó la vida ante la mala condición del animal y, tal vez esperanzado con su próxima comparecencia, a las primeras protestas se fue a por los aceros.

Victorino vuelve a criar alimañas
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