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Dolores para la fiesta los de Aguirre

Cartel de no hay billetes en la Monumental de Las Ventas el día 8 de junio. Se lidiaron 5 toros de Dolores Aguirre y otro en segundo lugar de Victoriano del Río. Mansos, deslucidos y con peligro los del hierro titular. Bravo y con cierta nobleza el que completaba el encierro.

Juan Mora, de tabaco y oro. Media estocada y tres descabellos (pitos). En el cuarto, estocada atravesada y tres descabellos (silencio tras aviso).
Enrique Ponce, de celeste y oro. Media estocada y un descabellos (ovación tras aviso). En el quinto, media atravesada y un descabello (silencio).
Eugenio de Mora, de grana y oro. Media estocada y otra casi entera (silencio). En el sexto, estocada casi entera y dos descabellos (silenico tras aviso).

Se apuntó Enrique Ponce al gesto y el suyo fue anunciarse con los temidos Dolores Aguirre. Intervinieron los veterinarios y el gesto se quedó en medio, ya que el primer enemigo que torearía el diestro valenciano sería de la siempre exitosa ganadería de Victoriano del Río.

Intentaron ahormar con tres puyazos al primero de Dolores Aguirre, pero el violento animal llegó a la muleta dando tornillazos. Además, el morlaco tenía muy malas ideas y quería coger por los dos pitones. No se complicó la vida –hizo bien– Juan Mora con este ejemplar y después de una breve porfía se quitó de su camino al burel. Disgustó su actitud al público, que en gesto de extraño despecho tributó una ovación en el arrastre al marrajo de Dolores Aguirre. Mucho manseó el cuarto del festejo antes de sacar nobleza por el pitón derecho. Muy decidido y luchando contra el viento presentó Juan Mora la muleta y consiguió cuatro tandas con muletazos largos y hondos por el pitón bueno del toro. Le pedían desde los tendidos que se pusiera al natural, pero por ahí el animal no se tragaba ni uno y el matador no siguió la sugerencia del respetable. Otra vez hubo quien se sintió defraudado y demostró su enojo tributando una excesiva ovación al cornúpeta y unas injustas protestas contra el torero.

“Beato” se llamaba el de Victoriano del Río que completaba el festejo y demostró buenas condiciones cuando Ponce se estiró con el capote. Peleó bravo en el caballo pero en la muleta se acabó pronto. Después de un precioso comienzo de faena por bajo y dos series con la diestra que mantuvieron el nivel, enseguida el animal empezó a quedarse corto y la labor del valenciano fue perdiendo tono. Probó la embestida Ponce al natural pero también chocó con el mismo defecto. Cazó media estocada con habilidad y recibió en el tercio la ovación de los tendidos. Tremendamente deslucido fue el quinto de la tarde, manso y con peligro. Embestía el toro con la cara por las nubes y siempre en oleadas acordes a su mansedumbre, pero hubo algún despistado que creyó que eso era una embestida franca. Empezaron las protestas contra el de Chiva, que buscaba el acoplamiento y optó por el trasteo que, desde el principio, pedía el intoreable animal.

Mucho manseó en el caballo el segundo –tercero de la tarde– de Dolores Aguirre. Eso sí, cuando le consiguieron picar le dieron mucho castigo. En la franela fue imposible para el lucimiento. Se la puso Eugenio de Mora por los dos pitones, pero el cornúpeta no tenía un pase. Abrevió de Mora con el animal y le despachó de un bajonazo al segundo intento. Tan poco colaborador como sus hermanos fue el sexto del festejo. Con tanto valor como acostumbra, intentó Eugenio de Mora sacar algo positivo del marrajo de Aguirre y, al mínimo descuido, casi resulta prendido por el morlaco. Mató de media estocada y dos golpes de descabello y escuchó el silencio del público.

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