Algo pasa que las cosas no están saliendo como estaban previstas. Las diferencias que están comenzando a aflorar no son buenas para ninguna de las partes. El diagnostico de lo que está pasando es claro: hay algo de precipitación, mezclada con mucha intencionalidad política, y también cierto nerviosismo. Esos son los condimentos, en definitiva, que han provocado la situación que tenemos.
Para empezar, hay que recordar que en el texto original del “Pacto por las libertades y contra el terrorismo” se recoge la creación de una gran fundación apoyada por el PP y por el PSOE, y cuyo principal objetivo sería aglutinar todas las iniciativas que ya están en marcha para ayudar a las víctimas del terrorismo. Es decir, que todas las asociaciones y fundaciones se integrarán en esta fundación de carácter estatal.
Esa era la intención originaría, pero la realidad ha sido otra muy distinta. La Asociación de Víctimas del Terrorismo ya lo había anunciado, pero ahora lo ha escenificado. Tras la reunión mantenida con la comisión de seguimiento del Pacto, la AVT ha sido clara: no quieren desaparecer. No se oponen a que exista esta fundación creada por el PP y el PSOE, pero no quieren renunciar ni a su asociación, ni a sus iniciativas, y mucho menos a su propia fundación. Algo pasa. Este desencuentro, que entra en una dinámica normal, no es bueno que salga a la superficie. Quizá solo es cuestión de imágenes. Pero ni unos ni otros pueden ofrecer la imagen de mercadear con las víctimas. Unos se han precipitado, otros se han puesto nerviosos.
El asunto es complicado. Hay que reconocer que no es fácil. Pero lo que haya que hablar, que se hable sin ruidos. En esta cuestión no hacen falta ni fotos, ni cámaras, ni declaraciones. Sólo pedimos discreción. No queremos espectáculos mediáticos. Por el bien de todos.

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