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Misterios de un nombramiento

El nombramiento de Jorge Dezcallar al frente de los Servicios de Inteligencia españoles nos deja un par de anotaciones a pie de página que no podemos ignorar. La primera de ellas es la forma que ha utilizado el Gobierno para dar a conocer el nombramiento. Para empezar, hay que decir que el nombre del futuro Director del CESID ha sido uno de los objetivos más perseguidos y buscados, desde hace semanas, por los medios de comunicación. Quinielas y nombres han ido salpicando las redacciones jornada tras jornada. Listas de candidatos en las que nunca apareció el nombre del hasta ahora Embajador de España en Marruecos. En esto no hay novedad: el nombramiento ratifica el más puro “estilo Aznar” de la sorpresa como estrategia política.

La novedad está en la forma de hacerlo: un domingo por la tarde, a través de la agencia oficial Efe, y con unas declaraciones complementarias del Ministro Portavoz. Una forma demasiado burda e improvisada para desvelar uno de los secretos mejor guardados. Curiosamente, esta forma de anunciar un nombramiento se diseña en plena tormenta del “caso Piqué” y en vísperas del Debate sobre el Estado de la Nación. Demasiadas casualidades para lanzar el nombre de una persona que estará encargada de ejecutar una de las promesas de más contenido y envergadura del Gobierno Aznar.

Segunda anotación ante este nombramiento. ¿Quién es Jorge Dezcallar? Para empezar, vaya por delante que Dezcallar ha demostrado durante años una gran pulcritud en su trabajo diplomático. Reconocido experto en áreas como Oriente Medio, el norte de África o la antigua Yugoslavia. Dezcallar se puede considerar uno de los tres diplomáticos mimados de la “época González”, junto a Miguel Ángel Moratinos y Javier Elorza. Uno está en Oriente Medio; el otro, en París. Y en esta predilección es donde surge el interrogante. Sin poner en duda la valía profesional y personal de este diplomático, llama poderosamente la atención que José María Aznar, que ha manifestado repetidas veces su animadversión hacía todo lo que signifique “González”, nombre ahora a un diplomático que ha trabajado estrechamente con el que fuera presidente del Gobierno.

Sinceramente, conociendo mínimamente al presidente no es fácil de entender este nombramiento con el que se rompen algunas costumbres del “estilo Aznar”. ¿O es que están cambiando muchas cosas?

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