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El barón rampante

Existen personajes de ficción que pasan a través de nosotros como un leve soplo cuyo recuerdo apenas perdura durante breves días y existen otros que se asientan con absoluta comodidad en nuestra memoria, dispuestos a no moverse nunca por mucho que el espacio se llene de seres interesantes que parecen reclamar sitio y atención. Cosimo Piovasco, barón de Rondó, pertenece a la segunda categoría. La originalidad de su aventura, su magistral caracterización, el marco tan sugerente, consiguen uno de esos libros que se comentan con feliz complicidad al cabo de los años. La historia comienza cuando a los doce años el barón decide subirse a los árboles y no volver a bajar durante el resto de su vida. Bajo las ramas verá correr el apasionante siglo XVIII con su Revolución Francesa, sus jacobinos y sus masones e incluso el gran protagonista de la época, Napoleón, se entrevistará con Cosimo.

Todos estos ingredientes serían suficientes para crear un gran libro. Para conseguir un libro que emocione es preciso añadir el lirismo, la ironía, incluso la ambigüedad del mensaje que Calvino puso en su obra. “Una persona se fija voluntariamente una difícil regla y la sigue hasta sus últimas consecuencias, ya que sin ella no sería él mismo ni para sí ni para los otros”, éste es, en palabras del propio autor, el tema de la novela. La fidelidad ante los propios compromisos, ante los ideales personales, ¿a pesar de todo?, ¿hasta las últimas consecuencias? se preguntarán los lectores... Las respuestas variarán, sin embargo, tras la apasionante lectura de este libro; muchos jóvenes —también muchos adultos— pensarán que deberían existir en el mundo personas con esa voluntad y en la literatura personajes con esa capacidad de seducción.

Traducción excelente, como es habitual en Esther Benítez, la de esta edición de Siruela que incluye una nota preliminar muy interesante del propio autor y un apéndice sobre su obra. Una estupenda ocasión para acercarse a la aventura de un personaje que entendió todo lo que el ser humano es capaz de sentir y vivir sin moverse de las ramas de los árboles. Un libro que puede decir tanto como otras grandes obras de este mismo autor que mostró “su espléndido amor por el mundo fermentado y enrevesado de la fábula”.

Italo Calvino, El barón rampante, Siruela. Madrid 2001. 275 páginas

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