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La publicidad manda

Por si el estado de la televisión no es bastante catastrófico en cuanto a contenidos, la crisis del mercado publicitario le va a dar la puntilla. Los anuncios en las teles suelen ser bastante buenos; mejor, en general, que los programas, pero la pelea de los medios de comunicación por conseguir financiación está llevando a que las grandes agencias de comunicación, y las empresas para las que trabajan, se conviertan en los árbitros del juego. En España, que se guardan un poco las formas, no ha ocurrido como en Italia, donde Berlusconi, directamente, se ha reunido con las principales empresas de publicidad para ver cómo reparten la tarta en televisión. Aquí hay una pelea menos transparente, que ha dejado de ser sorda, entre prensa, radio y televisión y, sobre todo, entre empresas públicas y privadas por la entrada a saco de TVE bajando los precios.

El Gobierno, que en lo que se refiere a RTVE, tiene un comportamiento entre esquizofrénico y cínico, ha propuesto a través de la SEPI que “La primera” de TVE se autofinancie con publicidad, mientras que “La 2” debería cubrir los deberes de un servicio público. El mismo Gobierno acaba de expedientar a Antena 3, Tele 5 y la propia TVE por hacer demasiados cortes publicitarios, y todos andan revueltos para ver si les salen las cuentas.

Por supuesto, ninguna de las televisiones privadas va a pagar la multa por incumplir la normativa europea. TVE está fuera de la ley y de todo control desde hace tiempo, pero si continúa la tendencia a la baja del mercado publicitario, que puede ser de un 25%, la programación se va a resentir y los directivos de las cadenas van a estar más pendientes de los números que de las letras. Estamos a un paso de que la mezcla entre intervencionismo político y mandato económico acabe de configurar un panorama negro para los telespectadores. Programas de perra y media llenos de publirreportajes, figuras de la televisión metidas en negocios más que en contenidos y confusión de mensajes van a primar sobre cualquier otra manera de hacer televisión. Ese es el futuro inmediato de unas cadenas generalistas que observan con estupor que hay que pillar dinero si quieren seguir adelante y que el Gobierno sigue siendo muy transigente con los comportamientos de las televisiones públicas.

La pelea por los telediarios se ha transferido al mercado de la publicidad, pero como las reglas del juego no son transparentes, podemos pensar lo peor: Que los publicistas manden tanto en los medios como los expertos en comunicación en la política y que se tienda en la programación a captar la máxima audiencia con el mínimo de calidad.

Las leyes de un mercado intervenido pueden hacer verdaderos destrozos en la programación, y todo será porque el Gobierno quiere que le salgan las cuentas con informativos amaestrados y empresas controladas.

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