El endurecimiento del discurso de José María Aznar de estos últimos días sobre la situación en el País Vasco ha tenido un nuevo giro de tuerca. El presidente del Gobierno, aprovechando una intervención en los Cursos de Verano de El Escorial, ha puesto el dedo en la llaga. Ha señalado la herida por la que más sangra el nacionalismo vasco. Aznar ha recordado a los nacionalistas que las pretensiones de autodeterminación no tienen ningún fundamento histórico y que el planteamiento que están haciendo publico es políticamente ridículo. Dos características duras y contundentes que rompen de raíz las intenciones nacionalistas. Sin fundamentos históricos y ridículo, suficientemente claro ha estado Aznar como para que Ibarretxe no se de por enterado.
El presidente del Gobierno ha pedido también al lehendakari que deje de hablar con eufemismos. Si quiere la independencia, que lo diga. Pero independencia no es autogobierno, ya que el País Vasco tiene el mayor autogobierno de Europa. Y un dato más que desmonta las propuestas del nacionalismo: ninguna Constitución del mundo recoge en la actualidad el derecho de autodeterminación. José María Aznar, por todo lo dicho y escuchado, parece que recupera el pulso con la cuestión vasca. Recupera el pulso y las ideas. Parece dispuesto, como ya ha dicho en varias ocasiones, a hablar sin miedo del autogobierno. Ibarretxe debería tomar nota. Los argumentos utilizados por el presidente del Gobierno, además de claros, destrozan la eterna excusa nacionalista. El País Vasco nunca ha tenido entidad política y jurídica hasta que llego la Constitución del 78. Y eso es un dato irrefutable. Desde luego, si Aznar toma el liderazgo en la opinión política en referencia al País Vasco Ibarretxe debería recomponer una situación que en ningún caso le beneficia. Por el momento actúa con una mayoría que no tiene en el Parlamento, generaliza a todos los vascos unos objetivos que no comparten y se olvida de lo más importante: el terrorismo sigue siendo el verdadero problema.

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